jueves, 15 de agosto de 2013

SIMPLEMENTE ORLANDO *


Ese flaco que me espera, puntual como pocos, en una esquina de la plaza de Arequipa es el escritor Orlando Mazeyra. Nunca antes lo vi en persona, pero lo reconozco en el acto. Es más alto de lo que imaginé, más que yo, o sea, y quizá ese rasgo acentúe su delgadez. Su corte de pelo, casi al rape, es idéntico al que lleva en las fotos que aparecen en las solapas de sus libros, en su Facebook y en su blog. Nuestra cita era a la 1:00 p.m. La concertamos, vía Face, hace solo un par de horas. Pucha, llego tres minutos tarde.
Me hablaron por primera vez de Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) en el 2010, cuando aún vivía en Puno. Valió la pena pagar 15 soles por estos cuentos, me dijo un escritor puneño, gran amigo mío, quien había comprado La prosperidad reclusa (2009), el segundo libro de Mazeyra, únicamente para no desairar al vendedor, un célebre poeta de la Ciudad Blanca. Otro amigo, en aquel entonces estudiante de Derecho de la UNSA, me contó que el viaje de Arequipa a Puno (en bus económico), que en otras ocasiones le parecía insoportable, ahora, increíblemente, con el texto de Mazeyra entre manos, le había resultado hasta placentero. Me bastó leer los primeros relatos de La prosperidad reclusa para darles la razón.
Estamos en el segundo piso de una cafetería de la calle Mercaderes; Orlando ha pedido, para los dos, unos helados que están deliciosos. He derribado el mío, no sé si por nerviosismo o distracción, pero —oh, sorpresa— no se ha derramado ni una gota. Mazeyra quiere obsequiarme Mi familia y otras miserias (2013), su último libro de cuentos, pero ya tengo mi ejemplar, recién compradito de la Libunsa, y se lo alcanzo para que me lo firme. Hago lo propio con Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007), su ópera prima, pero ocurre que ya está autografiada por el autor y tiene una dedicatoria tremebunda. Le confieso, avergonzado, que la acabo de adquirir en una librería de viejo. Orlando arranca esa página, la dobla en cuatro, se la guarda en el bolsillo del pantalón y estampa su rúbrica en la segunda hoja.
Enciendo mi reportera digital… A Mazeyra le apasiona el fútbol. Era un niño cuando su padre lo llevó por primera vez al estadio. Desde ese momento se quedó encandilado con el balompié. Su contacto inicial con la escritura se lo debe, quién lo diría, a este deporte. Cuando era colegial leía las crónicas deportivas de El Gráfico, de Argentina, y escribía cuentos futbolísticos. Uno de sus personajes era un arquero imbatible que tenía el mismo apellido que el director de su colegio y defendía, qué duda cabe, el arco del Melgar, equipo del que Orlando se declara hincha acérrimo.
Ingresó a Ciencias de la Comunicación en la UNSA, pero su madre le advirtió que, si no quería morirse de hambre, debía seguir, además, una carrera con futuro. Así que se fue a estudiar Ingeniería de Sistemas a la UCSM. Sin embargo, nunca se alejó de la prensa. Actualmente, publica crónicas y entrevistas en distintos medios locales, nacionales e internacionales. Incluso fue corrector de estilo en la edición sureña de un conocido diario. Su gran referente en el periodismo es su amigo César Hildebrandt.
Su escritor predilecto es Mario Vargas Llosa. Dice que devoró todas sus obras, menos La guerra del fin del mundo, que dejó a medio leer. Lo admira tanto que, cuando tuvo la oportunidad de visitar la biblioteca del nobel, en Lima, estuvo a punto de besar su escritorio. El libro de Vargas Llosa que lo marcó y con el cual se siente identificado es El pez en el agua, ya que el niño Orlando, al igual que el niño Mario que aparece en esas memorias, tuvo una relación muy tormentosa con su padre.
Formulé poquísimas preguntas —breves, vacilantes, obvias—, en la hora y media que duró nuestra reunión. Mazeyra se anticipó a casi todas las que había planeado y me las absolvió como si hubiese ensayado las respuestas. Por eso me despedí feliz, presto a transcribir el audio. Nunca imaginé, Orlando, que un virus, compadecido tal vez mi torpeza periodística, borraría esa entrevista.
 
* Columna publicada en Correo Arequipa (10/08/2013).

martes, 6 de agosto de 2013

SUEÑO CON SERPIENTES



Don Manuel se disponía a ordeñar sus vacas cuando se topó con la serpiente. Sí, una culebra de 80 centímetros se había prendido, cual becerro lactante, de la ubre de una de sus reses. Al menos eso fue lo que el agricultor de la irrigación Majes contó a la prensa a fines de abril, exhibiendo como trofeo y prueba el cuerpo yerto del reptil en una botella de vidrio. 
 
Al parecer el valle de Majes se había convertido, durante esa temporada, en un nido de víboras sedientas de leche vacuna ya que los vecinos de don Manuel relataron historias similares. “He vendido 8 de mis vacas para el sacrificio pues, luego que las culebras chupan la leche de las reses, estas se secan, no vuelven a producir nunca más, incluso llegan a enfermar tanto que mueren”  fue el pasmoso testimonio de don Reinaldo, quien aseguraba haber tropezado en su corral con una serpiente de dos metros (Correo Arequipa, 28/04/2013).

Relatos de ese tipo ya los había oído, cuando niño, en la zona aimara de Puno. Una de las diabólicas fechorías que los campesinos achacaban a las culebras era, precisamente, la adicción a la leche de vaca. Por eso, ellos las perseguían con saña, como si las serpientes fuesen la encarnación del mal. Si las atrapaban, les machacaban la cabeza con una piedra, aunque a veces, dizque para aprovechar sus virtudes curativas, les quitaban la piel y se las comían crudas o las metían vivas en un pomo repleto de alcohol.

Nunca creí del todo en la culpabilidad de estos reptiles; siempre les concedí, como dicen los abogados, el beneficio de la duda. Así que la noticia sobre la plaga de ofidios en la irrigación Majes me dejó desconcertado. Y quizá hubiera terminado tragándomela si, hace algunos días, en el libro El enigma de las extrañas criaturas (Ed. Mitre, 1987, Barcelona) del periodista estadounidense John A. Keel, no me hubiese dado de bruces con este pasaje: “Otra serpiente popular inexistente es la de la leche. De ésta se cuenta que repta hasta las ubres de las vacas y se agarra a ellas hasta quedar bien harta de leche”.

Es decir, la odiosa culebra lactante, esa misma que antaño aterrorizaba a mis abuelos y que hoy hace lo propio en el valle de Majes, es ‒según dicho autor‒ tan legendaria y folclórica como el hombre lobo o el unicornio. Puro cuento, en suma… En realidad, esa es la posición oficial de los herpetólogos (entendidos en reptiles). En ese sentido se pronunció, por ejemplo, la Asociación Herpetológica Española en el 2010, a saber, las serpientes no maman.

De acuerdo con los herpetólogos: a) La culebra no tiene labios, ergo, es incapaz de lactar; b) La leche no le sirve pues su organismo no puede sintetizarla, y c) Es tímida y, merced a su instinto de supervivencia, no se acerca voluntariamente a un depredador en potencia como la vaca o el ser humano.

Me pregunto si algún especialista del Senasa explicó esas cosas tan sencillas a los pobladores de la irrigación Majes, porque tal parece que el alcalde del distrito -quien ofreció capturar a los ofidios y llevarlos a otro sitio (lapsus ecológico)- y el jefe de la Oficina de Medio Ambiente de dicha comuna -quien declaró que cualquier “contacto brusco” con las ubres de la vaca provoca que las hormonas de la leche dejen de funcionar (lapsus técnico)- solo alimentaron más el mito. A la culebra lactante, o sea.

*Columna publicada en Correo Aqp (03/08/2013).

lunes, 10 de junio de 2013

Lurgio Gavilán Sánchez: "El monstruo es el pensamiento Gonzalo”*



Era todavía un niño cuando se unió a Sendero Luminoso (SL). En sus filas, casi analfabeto y con el libro rojo de Mao que heredó del camarada Rubén (su hermano mayor), fue uno de los protagonistas de la espiral de violencia provocada por este grupo subversivo. A los 14 años cayó en un enfrentamiento con el Ejército; un teniente le perdonó la vida a cambio de que se haga soldado. Entonces tuvo que combatir a sus antiguos camaradas. Después pidió su baja y se hizo hermano franciscano, pero no tardó en colgar los hábitos. Hoy, a sus 40 años, Lurgio Gavilán Sánchez (Ayacucho, 1973) es un antropólogo que cursa estudios de doctorado en México. El año pasado publicó sus Memorias de un soldado desconocido. El texto fue presentado el último 6 de junio, a las 19 h, con ocasión del VII Festival del Libro de Arequipa, en los altos del Portal de la Municipalidad. Correo conversó con Gavilán, quien compartió con nosotros fragmentos de su vertiginosa vida.

Usted se incorpora a Sendero Luminoso voluntariamente, a los 12 años, ¿fue -como dice en su libro- solo para reencontrarse con su hermano o también porque había calado en Ud. la prédica de SL?

Cuando llega SL empieza a predicar la buena noticia, la justicia social, y muchos jóvenes se van, entre ellos mi hermano; él era muy querido y yo lo quise encontrar...

Ud. emplea una metáfora, dice que SL llegó, para los campesinos, como una lluvia buena que luego se torna diluvio...

Sí, SL llegó muy bonito, la justicia para todos; era bonito porque, por ejemplo, yo veía a mi papá sembrar maní durante todo un año, es difícil, todo un año para después comprar atunes y un poco de ropa, y los comerciantes venían y nos engañaban. Era una injusticia que veíamos a diario y nosotros queríamos ser, pues, como los demás.

Ud. fue testigo de varios ajusticiamientos que perpetró SL. ¿Hubo alguno que lo marcó profundamente?

Fue el de la primera vez, de los cientos que hubo. Entramos a una casa y todos debíamos participar. Era una familia con hijos, rodeamos la casa, sacaron al esposo a patadas y lo asesinamos, por ser un yanauma (soplón). Eso creo que me asustó muchísimo. Después la violencia se normalizó. Ver tanta muerte, ver a tus hermanos asesinados, esas cosas se normalizan.

¿Responsabiliza Ud. a Abimael Guzmán?

Con su pensamiento guía nos condujo a estas atrocidades de la vida. Decía estamos luchando por los más pobres, y paradójicamente a los más pobres teníamos que asesinar.

¿Qué opina sobre la matanza de periodistas en Uchuraccay? ¿La perpetraron los comuneros, como dice el informe de Vargas Llosa?

Hay mucho silencio de la misma comunidad al respecto, pero cuando yo estuve allí, muy cerca, en el 83, dijeron que los campesinos, que ya estaban organizados en rondas, los habían asesinado porque uno de ellos, (Juan) Argumedo, el guía de los periodistas, era de SL, y los ronderos creyeron que todos eran senderistas. Pero, como dicen los mexicanos, quién sabe.

Su incorporación al Ejército no fue voluntaria, Ud. fue capturado tras un enfrentamiento entre SL y los militares. ¿Llegó a sentir, como soldado, amor por la patria y a percibir a sus excamaradas como enemigos?

Yo caigo prisionero, estaba convencido para morir por el partido, por el pensamiento Gonzalo. Cuando empezaron a dispararme yo grité ¡Viva Marx!, ¡viva Lenin!, ¡viva Gonzalo!... Había que morir así. Cuando llego al Ejército me inculcaron todos los días que hay que pacificar al país, estamos haciendo el bien, hay que matar a los terruquitos; uno lo asimila y eso también se normaliza.

En el Ejército Ud. fue testigo de ejecuciones extrajudiciales, ¿fueron hechos aislados o una guerra sucia, como dicen, implantada por el Estado?

¿Guerra sucia? No hay una guerra limpia, toda guerra es atroz, estábamos en una zona de emergencia donde no había derechos humanos. Y de estas cosas extrajudiciales no sabían los comandantes ni los generales.

Dice Carlos Iván Degregori que su libro es un intento de reconciliarse con Ud. mismo.

Sí, varios dijeron de mi libro que aquí nadie es el otro.

El Movadef, al pregonar la amnistía general, también promueve una suerte de reconciliación.

Me hacen recordar mucho a la época en que llega SL, diciendo pan para todos, justicia social; ellos dicen que hay que abrir las cárceles, y no me parece correcto, no conocen la historia... Los jóvenes no conocen al monstruo, que es el pensamiento guía, encarnado para asesinar a sus propios hermanos, una ideología enfermiza.

Entonces, el llamado pensamiento Gonzalo es incompatible con la reconciliación.

Sí, es totalmente incompatible.

*Entrevista publicada en Correo Arequipa (6/6/2013).


miércoles, 9 de enero de 2013

Arturo Vilchis Cedillo: "En Lima, Gamaliel Churata fue rechazado por serrano"*

Arturo Vilchis, durante la conferencia sobre Churata y De Rokha ofrecida en el auditorio del GRP.

No es de Puno, pero su versación en la vida y obra de Gamaliel Churata, y más aún, la pasión que irradia al referirse al autor de “El Pez de Oro”, son una verdadera lección de puneñidad. No en balde publicó “Arturo Pablo Peralta Miranda. Travesía de un itinerante” (2008), una documentada biografía del escritor altiplánico. Su nombre es Arturo Vilchis Cedillo, y es mexicano; aunque, admitámoslo, su dejo parece más bien el de un peruano. Y si no dijera “Orkópata” o “áimara”, incluso se haría pasar por puneño.
Por estos días, Vilchis está de visita en Puno. El pasado miércoles (19/12/2012), a las 10 h, en el auditorio del gobierno regional, dictó una conferencia sobre Churata y el poeta chileno Pablo de Rokha. Una suerte de vidas paralelas. Y por la tarde, mientras la lluvia hacía de las suyas, nos concedió una entrevista en la sala de recepción de su hotel. Lo que sigue es solo la primera parte de esa extensa y, para nosotros, enriquecedora charla.
 
¿Cómo nace su interés por investigar a Churata, teniendo en cuenta que Ud. es mexicano, y Churata como que no es muy conocido ni siquiera en el Perú?
Sí, bueno, yo inicié con Churata hace más de doce años, mi primer acercamiento fue a partir de un artículo sobre la vanguardia andina en Puno que salió en la “Revista de Crítica Literaria Latinoamericana”, que dirigía Antonio Cornejo Polar en los 80. Y, bueno, en México yo he tenido profesores, exiliados peruanos, que hablaban tanto de Mariátegui como de Vallejo, y muy poco se mencionaba a Churata; en México existe, y he tenido la oportunidad de revisar, la edición facsimilar de “Amauta” y encontré un cuento de Churata, “El gamonal”, así como algunos otros escritos, digamos que ahí empezó mi interés… Yo, posteriormente, en el año 2000 encontré en la biblioteca personal de José Gaos, el filósofo español que llegó a radicar en México, el único ejemplar existente en México de “El Pez de Oro”, de 1957, con la firma y dedicatoria de Churata a Gaos. Posteriormente, empecé a indagar más y leí “Fronteras del discurso” de Miguel Ángel Huamán, después llegó “El ultraorbicismo en el pensamiento de Churata” de Manuel Pantigoso. Y por primera vez viajé al Perú, a Lima, en 2004; posteriormente vine dos días a Puno, y un día y medio a Bolivia. En este primer viaje traté de buscar todo lo referente a Churata… Fue muy corta mi travesía. Posteriormente, yo voy a seguir viajando, digamos, esta es la cuarta vez que estoy en Puno, la cuarta y única ocasión que he podido estar más de un mes, no solamente en Puno sino también en Bolivia.
  
Le oí decir en la conferencia que Ud. tuvo un profesor que perteneció a Gesta Bárbara y que probablemente conoció a Churata en Bolivia.
Sí, es Gesta Bárbara, pero es la segunda Gesta Bárbara, no la primera de Potosí, de 1917-18; él perteneció a la generación de 1945, no fue, digamos, de los primeros integrantes. Él fue el doctor Mario Miranda Pacheco, quien falleció hace poco… Yo estudié la licenciatura de Estudios Latinoamericanos en la UNAM, él impartía una clase que se llamaba Seminario Socioeconómico de América Latina. Cuando lo tuve de profesor, en el 96 - 97, yo todavía no conocía a Churata… Yo me acerqué a él (Miranda) en el 2004 y fue cuando él me dijo que realmente Churata era un tema finiquitado para la historia de la cultura de Latinoamérica… Y él se negó rotundamente a hablar sobre Churata…
 
Pero lo conoció…
Lo conoció… Churata era un referente, digamos, fundamental desde el año 32, en que llega a Bolivia, hasta los 60. Era un guía, pero no en un sentido autoritario de decir qué se hacía o qué no se hacía. Y aunque él no era aceptado dentro de la intelectualidad boliviana, sabía todo lo que se estaba haciendo culturalmente en Bolivia… Y Mario Miranda, por supuesto, tuvo participación en la cultura boliviana hasta antes de llegar a México, y tuvo que ver con Churata. Y más porque Churata hizo una crítica a esta segunda generación… Él dijo que estos jóvenes habían escrito para una élite, nunca para el pueblo, para la masa. La posición de Churata siempre fue que ser periodista no significa que el conocimiento, el saber se rebajaba. Simple y sencillamente, al pueblo también hay que darle la educación, porque eso no es un privilegio de una élite.
 
Cuando se publicó “El Pez de Oro”, como que en Puno no se le entendió, en el Perú mucho menos. Se creía que en Bolivia le fue mejor, pero Ud. descubrió que incluso intelectuales bolivianos no lo habían leído.
Mira, cuando sale “El Pez de Oro”, en la edición de Kanata (1957), su recepción es pésima. Hay una crítica que se le hace, a los pocos meses, en una revista cuyo nombre ahorita no recuerdo muy bien, donde se dice que no sirve para nada, que es un libro inútil, y el tipo ese lo deshace completamente, sin saber realmente lo que era… Por otra parte también, al hablar del indio en “El Pez de Oro”, su recepción en Bolivia no es tan buena, por los prejuicios que existen contra el indio en ese país hasta la fecha, ¿no?, y eso contó para que “El Pez de Oro” fuera marginado en lo cultural; sin embargo, Fernando Diez de Medina, como un acto, digamos, de reconocimiento al maestro Churata, le intenta dar el Premio Nacional de Cultura, y Churata lo rechaza. Dice Don Ángel Torres, un periodista que conoció a Churata, dice que lo rechazó porque seguía siendo peruano. Yo intento demostrar con mi investigación que Churata lo rechaza porque estaba fuera de este círculo de premios, de medallas, nunca estuvo de acuerdo con ello. Hasta la fecha existen unas cartas a su hijo Mario Peralta en las cuales da a conocer, a ciencia cierta, lo que significó el rechazo a este premio que Diez de Medina le intentó dar… Y en Lima siempre ha sido rechazado, aunque ahora se le está dando un poco más de importancia, se le ha rechazado por ser serrano… (Bueno, aunque él era mestizo, nació en Arequipa, pero dice yo me formé en Puno, y quizá fue un accidente nacer en Arequipa). Eso por una parte, la otra por ser autodidacta. Y la tercera por ser defensor del indio. La cuarta, digamos, por la cuestión ideológica. Por eso fue rechazado en los círculos intelectuales de Lima y Bolivia… A mí me alegra que ahora se le esté dando mayor difusión a la obra de Churata. Prueba contundente de esto es que en España, Cátedra, una de las editoriales más importantes a nivel del habla hispana, lo ha editado (“El Pez de Oro”) gracias a otra conocedora de Churata que es Helena Uzandizaga, la catalana. Eso da muestra de que Churata está en el mismo horizonte de equilibrio junto a otros escritores no solamente latinoamericanos sino a nivel mundial.
 
Pero Ud. comentaba que había hallado ejemplares de “El Pez de Oro” sellados, que no habían sido leídos, en las bibliotecas de intelectuales bolivianos.
Sí, Churata repartía sus libros. Me han dicho que él los tenía debajo de la cama como tabiques, como adobes, y los repartía, algunos con dedicatoria y demás. Por ejemplo, yo he revisado en Bolivia la biblioteca personal de Augusto Costa de la Torre, un gran intelectual y literato boliviano, y “El Pez de Oro” está sin abrir, las páginas están tal como salen de la imprenta, pegadas. Ese es uno; el otro es de la biblioteca de El Alto, de Antonio Pérez Candia, también el libro está intacto. Hay otro ejemplar en la Universidad de San Andrés, y también está intacto, no lo llegaron a leer… Yo les puedo decir que revisé el ejemplar de José Gaos, y sí está abierto y tiene ciertas anotaciones que ya con el tiempo, como eran hechas a lápiz, ya son ininteligibles, pero se ve que Gaos sí llegó a hacer una lectura de “El Pez de Oro”.
 
* Entrevista publicada en el diario Correo (Puno), 22/ 12/ 2012.


jueves, 16 de agosto de 2012

¿RUPTURA AIMARA?



Las recientes pugnas entre el denominado Comité de Lucha de la Zona Sur (CLZS), que en algún momento tuvo su bastión en Ácora, y un grupo de pobladores de ese distrito (entre ellos, alcaldes menores y tenientes gobernadores), que finalmente hicieron abortar el paro de 72 horas programado por el CLZS para los días 13, 14 y 15 de agosto contra la ejecución del proyecto de irrigación Pasto Grande II a favor de Moquegua ‒supuestamente en territorio puneño (acoreño, sobre todo) y a expensas de “nuestros” recursos hídricos‒, vuelven a dejar al descubierto las rivalidades domésticas y el mero afán protagónico de algunos dirigentes de tipo indigenista que en sus proclamas de agitación política apelan siempre a la unidad del pueblo aimara, como si este gozara de una cohesión milenaria e inquebrantable.
 
 
Esta enésima ruptura dizque aimara debiera ser motivo más que suficiente para dar al traste, y de una vez por todas, con ese manido discurso que reivindica el “buen vivir” (un invento de las ONG, según el lingüista Cerrón Palomino), aboga por la descolonización y ‒para redondear su farsa “originaria”‒ fantasea con la autonomía de la nación aimara; ideario presuntamente compartido por todos los pobladores de la zona sur y que rebrota cual hongo folclórico cada vez que a ciertos “líderes” se les ocurre movilizar a las masas en pos de plataformas casi siempre tremendistas e inviables.
 
 
Recordemos que esas fueron algunas de las majaderías que se esgrimieron el año pasado contra la inversión minera (formal) en el llamado “aimarazo”, revuelta en la que el Frente de Defensa de los Recursos Naturales de la Zona Sur (FDRNZR), presidido en aquel entonces por Walter Aduviri, jugó un rol esencial y cuyos actos de rapiña tuvieron como epicentro a la ciudad de Puno. No olvidemos tampoco que las divergencias a nivel dirigencial entre el CLZS, que fue parte activa de las algaradas, y el FDRNZS se hicieron patentes, o más bien explotaron, en el tramo final de la protesta antiminera, cuando los principales miembros del CLZS ‒y no solo ellos‒ trataron de desconocer al cabecilla mayor, Aduviri, quien hasta ese momento había capitalizado y personalizado los réditos políticos de la huelga, desplazando a segundo plano a otros dirigentes aimaras, si no opacándolos hasta diluirlos en el anonimato.
 
 
Si para el FDRNZR el “aimarazo” significó la prueba de fuego de la cual salió airoso; lo que los integrantes del CLZS pretendían, tras el anuncio presidencial de la ejecución de Pasto Grande II, era convertir el impasse limítrofe con Moquegua en un conflicto social equivalente en dimensión al de Conga (Cajamarca), encarnando ellos los papeles estelares de Saavedra y Arana. Por lo menos eso se desprendía de la advertencia que uno de los susodichos lanzó al mandatario Ollanta Humala. Sin embargo, el repudio del que fueron objeto en su localidad por parte de un grupo de paisanos suyos, que no dudó en conformar un nuevo Comité de Defensa Territorial y de los Recursos Naturales ‒privando así al CLZS del monopolio de ese trajinado “caballito de batalla”‒, desbarató sus planes.
 
 
Si bien ahora el paro de marras será encaminado por el flamante comité, la plataforma y los métodos no han variado. Y para que la lucha prospere, sus propulsores llamarán, cómo no, a la unidad del pueblo aimara, esta vez en defensa de sus territorios ancestrales; apelarán al espíritu colectivo, a la unanimidad bovina, al consenso borreguil; buscarán despertar en los aimaras el instinto bélico, la fantasía de la invasión y el despojo. Es decir, la cantaleta de siempre.
 
 
¿Ruptura aimara? ¡Quia! Si la civilización es ‒como decía MVLl antes de fungir de garante del nacionalismo‒ ese largo proceso en que el individuo se separa de la placenta tribal y adquiere soberanía como tal, distinguiéndose de los otros; la auténtica ruptura aimara debería consistir en romper cuanto antes con esos “condicionamientos tribales” ‒si los hay aún‒, no en una peleíta por liderar una huelga.

Darwin Bedoya y "Los desobedientes" de Arequipa

Darwin Bedoya en la presentación de la antología "Hijos de puta".

Cuando le pregunté a Darwin Bedoya, vía telefónica, si quizá tenía guardado por ahí algún artículo, aunque sea en borrador, sobre la poesía arequipeña contemporánea, lo que realmente pretendía era convencerlo de que escribiera algo acerca del tema para esta publicación. Que lo hiciera en lugar de mí, valgan verdades; pues, cuando descubrí que los nuevos poetas de la Ciudad Blanca no eran unos diez, como ingenuamente había creído tras leer algunos poemarios y versos sueltos, sino el doble (o tal vez más), renuncié a redactar una nota sobre ellos. “Hey, compañero me respondió Bedoya—, ¡pero si justamente estoy por publicar una antología de la nueva poesía de Arequipa! Te cedo el prólogo en primicia, si quieres”. Oh, bendita suerte la mía, ¡claro que quería! ¿Y cuántas hojas tiene tu escrito?, inquirí. Diablos, la cifra era astronómica. Le pedí que, por favor, hiciera una versión abreviada, unos 6.000 caracteres, o sea, más o menos página y media, Darwin. Asunto arreglado. Días después recibí un e-mail suyo. “Malparaíso de los poetas. Fragmento del prólogo a la muestra antológica de la reciente poesía arequipeña”, se leía en el archivo adjunto. Solo que el dichoso “fragmento” constaba de 10 páginas.

Darwin Bedoya Bautista (1974) acaba de obtener el primer puesto en la XV Bienal de Poesía“Premio Copé Internacional 2011”. El año pasado hizo lo propio en el XX Concurso Nacional de Educación Horacio (categoría de cuento). Es docente de literatura, narrador, crítico y poeta. Ha publicado los poemarios “Jardines del silencio” (2004), “Yarume” (2006), “Leve ceniza” (2010), el libro de microcuentos “Aunque parezca mentira” (2007), la antología “Hijos de puta: 15 poetas latinoamericanos” (2011), entre otros. Nació en Moquegua; su infancia la vivió aquí, primero en el valle de Majes y luego en la Ciudad Blanca; después retornaría a su tierra natal. Hasta que al fin, en sus años adolescentes, echó anclas en Juliaca (Puno).

Darwin Bedoya editará este año una antología de las voces líricas más recientes de Arequipa. Se denominará “Los otros desobedientes”. Para entender el título, hay que repasar, de la mano del antólogo, el proceso de la poesía arequipeña. En “Malparaíso de los poetas”, Bedoya sostiene que hay un primer periodo, el de Los legendarios, que va desde Mariano Melgar hasta Cesáreo Martínez, pasando por Percy Gibson, César Atahualpa Rodríguez, Alberto Hidalgo, Guillermo Mercado, Gustavo Valcárcel, Jorge Bacacorzo y José Ruiz Rosas. En el segundo momento, el de Los reconocidos, figuran Max Neyra, Raúl Bueno, Walter Márquez, Shelma Guevara, Oswaldo Chavone, Leandro Medina, Enrique Huaco, Nilton del Carpio, José Gabriel Valdivia, Rolando Luque, Odi Gonzales, Pedro Escribano, Luzgardo Medina, Alonso Ruiz Rosas y Hugo Yuen. Esta pléyade de vates constituiría una especie de canon de las letras arequipeñas.

Empero, continúa Bedoya, hay un tercer grupo de rapsodas, nacidos a partir del 70, cuyos versos (por cierto, de notable calidad) marcan distancia con la lírica de antaño. Es decir, desobedecen las normas del canon. “Un tanto alejados de la sombra de los muros canónicos, ya en pleno siglo XXI, los poetas de la Arequipa de hoy están reescribiendo la nueva poesía peruana”, señala. Ellos son los nuevos, Los desobedientes. Helos aquí: Jimmy Marroquín, Robert Baca, Óscar Saldívar, Arthur Zevallos, Mariela Cervantes, Lenin Velarde, Mirtha Núñez, Carlos Eduardo Quenaya, Juan Zamudio, Heiner Valdivia, Kreit Vargas, Maru Delgado y Augusto Carrasco. La lista se completa con Fischer Heredia, Carlos Tapia, Víctor Ingunza, Filonilo Catalina, Juan Yufra, José Ignacio Infantas, Luis Ormachea y José Luis Córdova, quienes no nacieron en la Ciudad Blanca pero forjaron su obra poética dentro y fuera de la UNSA. ¡21 en total!

“La mirada del poeta actual es una mirada sensible y atenta a las calles de la ciudad emergente”, explica Bedoya. En sus versos, Los desobedientes habrían reinventado al hombre contemporáneo como “un individuo bajo la sombra de una urbe que lo quiere aplastar”. “Vómitos urbanizados”, resume citando a Juan Yufra.

“Los otros desobedientes” tendrá alrededor de 128 páginas. Para muestra, Darwin Bedoya nos adelanta no un botón sino un verso de cada antologado:

«Estas alas que aquí veis crecen en mi cuerpo/ y no en el vuestro/ como rugosos alegatos de voces que amo, ignoro y no entiendo;/ estas alas calcinadas/ remedo de mis entrañas de madera, baten el aire inútilmente.» (Jimmy Marroquín); «Cuando ya dejado el viento del vértigo/ en los restos de algún naufragio premeditado/ la jauría de mis sueños/ tragada por la agonía del deseo/ cuando la nada aprende a seducirme/ el imposible renace en un trapecio/ de náuseas y coplas/ como una mancha en las sienes.» (Maru Delgado); «Mi cuerpo es una huella/ circunstancia precaria/ una constelación de algas/ transfiguraciones extenuadas/ arcano devastado/ una colina en ascuas.» (Óscar Saldívar); «Te pienso/ y creo en mi silencio/ en mi vista pasajera/ en mis manos de cirio/ omnipotente/ en mi imaginación esquizofrénica/ todo es mío/ yo lo he creado/ con lápiz y papel/ con un poco de pintura sobre/ una pared/ con unas cuantas lágrimas hipócritas.» (Arthur Zevallos); «Arrastro/ mi cuero a la memoria de las chullpas// Mi lenguaje/ por rutas de cerámica.» (Juan Yufra); «A veces…/ a veces yo digo soledad/ y los huesos me abandonan/ a veces yo digo melancolía/ y la garza tuerce su cuello/ y se acurruca bajo sus alas.» (José Córdova); «Para mí el paisaje roto como una espalda/ para mí el anverso y reverso de las manos/ la inocencia ajena/ cerrada y vacía como una casa sin luz.» (Carlos Tapia); «No surgirá otra estela/ en que la noche nos arranque/ los clavos del avatar/ porque es prolífico el viejo anatema espiritual/ que los paganos purgan.» (Víctor Ingunza); «Me despoja esta tierra, me consume una tortilla/ observo la luna amaneciendo (como hoy) perfecta y siento/ que paseas entre árboles, sauces y frutales.» (Lenin Velarde); «Este cuerpo,/ no destruye, no contamina,/ resbala ígneo entre los átomos,/ incinera este cascarón de barco,/ este rostro de madera/ estas colosales zarpas en el espejo,/ esta danza de letras sobre la frente.» (José Ignacio Infantas); «Confié la navegación de mis huesos húmedos/ al parpadeo sin fin desta estrella de carne/ que nace del costado izquierdo de mi pecho// amante amordazado/ a las mareas nocturnas del cuerpo.» (Kreit Vargas); «La vida es un ruido sembrado en el mar/ una piedra tatuada en su eternidad/ un esbozo de hollín humano/ cruz que reboza mi cáscara/ como un lobo en mi cuerpo.» (Heiner Valdivia); «Confieso que he pecado/ también confieso que existo/ y la lengua cuelga/ por la ventana/ con la sola intención de ser vista/ en noches calladas.» (Juan Zamudio); «Sobre un humano lecho/ humano y bendecido por la fatalidad/ fueron halladas las formas de hoguera danzante/ de una escultura cuya circunstancia se orientaba/ hacia las tres auténticas direcciones de la atmósfera/ callaron los paisajes habituales.» (Luis Ormachea); «La piedra rota en mis manos// Prometeo de ojos arrancados/ para morir con los reptiles que amamantaron al fuego/ una noche despertará en mi costado/ de dientes crecidos.» (Fisher Heredia); «Soy/ ese animal disecado/ que no sabe que murió hace tiempo.» (Filonilo Catalina); «Esto que rueda sobre el papel/ es el burdo testimonio de mí mismo/ el artificio herido/ de la imagen que nace de la lluvia.» (Carlos Eduardo Quenaya).

¡21 vates! Y, lo que es más difícil de creer, todos dignos de figurar en una antología. La cifra me sorprende porque en materia literaria, huelga repetirlo, la cantidad no siempre va de la mano con la calidad. Arequipa, tierra de poetas, qué duda cabe. Recién me explico por qué algunos sueñan con una ordenanza municipal que limite el número de estos a 5 por cuadra. (El chiste me lo contó un abogado arequipeño que, por cierto, también escribe poesía).

Ahora leo el e-mail de Darwin Bedoya. No le presté atención al principio porque me urgía ver el archivo adjunto (el del “fragmento”). “Como veras me escribe, este prólogo pertenece al 2009, en estos 3 años siguientes han habido nuevas publicaciones, textos y autores de buena performance que no están incluidos pero que tengo sus libros y pienso incluirlos en la muestra, tal vez en una pequeña presentación que hagas a este texto puedas decir que irán casi 25 poetas”.

* Artículo publicado en revista de Correo Aqp (edición especial por el 472 aniversario de Arequipa), 15/ 08/ 2012.

lunes, 18 de junio de 2012

CHURATA Y SUS CARTAS A MARIÁTEGUI*

Hay en la “Correspondencia” (Ed. Amauta, Lima, 1984) de José Carlos Mariátegui, un total de 7 cartas que Gamaliel Churata le remitió entre 1926 y 1929. Esas misivas son solo las que se encontraron entre los papeles que dejara Mariátegui, ya que muchas otras, según Churata, fueron interceptadas por la policía y nunca llegaron a su destino.

El periodo del intercambio epistolar coincide casi con el furor indigenista que arreciaba en Lima y el Perú, y también con la vida del “Boletín Titikaka”, que se editaba en Puno (1926 – 1930 en ambos casos). Dirigido por Churata y su hermano Alejandro, el Boletín estaba muy ligado a la revista “Amauta” (a cargo de Mariátegui), tanto así que se llegó a creer que el primero era una mera “sucursal” de la segunda.

A continuación reseñamos parcialmente cada una de las cartas a fin de acercarnos al perfil personal del escritor puneño y echar mayores luces sobre algunas de sus vivencias, ora trascendentales ora anecdóticas, correspondientes a esa época.

C1 (27/11/1926): Al parecer en una misiva anterior Mariátegui agradeció a Churata su colaboración en la distribución de la revista “Amauta” y las publicaciones de la editorial “Minerva” en Puno. Este responde cortésmente que las gracias están demás. Afirma que su apoyo se debe a la afinidad ideológica que existe entre ambos: Desde los primeros años declaré mi credo revolucionario (…) A los quince años desafiaba a duelo a un gamonal, a causa de los indios, y a los diecisiete me encarcelaban a causa de haber insultado el gobierno de Benavides. Soy, pues, orgánicamente, un vanguardista (…) y mi colaboración a su labor obedece a eso”.

Asimismo le expresa su satisfacción por los juicios que Mariátegui le dedicara a su cuento “El gamonal”. Finalmente, le recuerda sus pedidos de libros, solicita catálogos de obras nuevas y una colección completa de la “Revista de Occidente”, y expresa su deseo de suscribirse a dicha publicación española.

C2 (2/7/1927): Churata se refiere a cartas y telegramas suyos dirigidos a Mariátegui que habrían sido interceptados por la policía. También le expresa su solidaridad a raíz de una sonada detención que este sufrió en Lima y le recomienda marcharse a Buenos Aires.

A continuación le relata un desencuentro que tuvo con el poeta puneño Emilio Armaza: Le abrazo a nombre de todos, de Alejandro [Peralta], menos de Armaza, el cual es un pobre muchacho burgués, simulador y arribista, tan pobre de imaginación como de honradez y que si le ha pedido algo sólo merece que Ud. lo desprecie. Voy a referirle un solo detalle que lo pinta. Cuando ustedes me enviaron Amauta, salí personalmente a imponerlo y entonces este poeta de una raza que no existe se me enojó como un idiota por el hecho de que pretendí venderle un número de su revista, asegurando que él no compraba cojudeces. Estaba fresco del Buenos Aires frívolo y no se olvidaba de cierto limeñismo amariconado. Creo que sobra con lo dicho. En mi presencia compró luego un número de “Mundo Argentino” para castigarme”.

C3 (9/6/1928): Churata expresa su preocupación por la enfermedad de Mariátegui. Seguidamente le presenta así al escritor Mateo Jayka: [es un] joven neoindio que se inicia muy afanoso en el estudio del folklore, como verá usted por los ensayos que le envía. Si este muchacho continúa por la ruta que tiene iniciada su profundo conocimiento de la raza aborigen le capacitará para ofrecernos en sazón la novela del altiplano que aún no se ha intentado con ánimo indígena. En todo caso usted juzgará de su mérito dándole cabida en la revista”.

Le dice además que le remite dos dibujos del pintor Diego Kunurana (Demetrio Peralta, hermano menor de Churata), quien pronto se va Cusco a estudiar inkaísmo, [y] es, también, uno de nuestros futuros combatientes”.

C4 (30/7/1928): Se alegra por la mejoría de Mariátegui y pasa a contarle que al poeta y dramaturgo Inocencio Mamani, encargado de recibir “Amauta”, lo ensoquillaron en el Cuartel, so pretexto de servicio de movilizables durante seis meses, con maniobras de llapa”,por lo que los nuevos envíos, dice Churata, deberán hacérselos a él mismo, aunque sin dejar de rotular los paquetes a nombre de Mamani, para así evitar que sean interceptados.

Solicita ejemplares de “Tempestad en los andes”, “La escena contemporánea”, “El nuevo absoluto”, etc. y le recuerda queestamos esperando su artículo para el boletín [Titikaka]. (…) con una página sería de sobra el honor y el provecho”. También señala que le enviará una nota sobre el pintor argentino José Malanca.

Hay un curioso “favor” que Churata pide a Mariátegui para su hermano menor, el poeta Alejandro Peralta, quien a la sazón laboraba como recaudador de tributos en Carabaya: si personal o por medio de sus relaciones podría usted ejercer alguna influencia en el Gerente de la Caja de Depósitos y Consignaciones a favor de Alejandro. (…) Para fines ulteriores, entre mis planes estaría tener a Alejandro frente a la jefatura de la Recaudadora, modo, usted comprende, de controlar la actividad del departamento”.

Finalmente dice haber leído el libro sobre “Literatura peruana” de Luis Alberto Sánchez, que aún le parece incompleto.

C5 (8/9/1928): Le escribe, “aprovechando las bodas de Leguía con la imbecilidad de los peruanos”, para enviarle como colaboración fragmentos de “Tojjras” y lo anima a visitar Puno: Por qué no se resuelve a brincar por los Andes? Verle en Puno, hombre, sería para nosotros una gran alegría. Además parece que usted cierta vez me insinuó lo mucho que le favorecería tal viaje”. Le cuenta asimismo que pronto quedará definitivamente constituida en Puno la “Agencia Titikaka”, bajo el auspicio de Eduardo Fournier.

C6 (10/9/1928): Es una suerte de posdata de la anterior. Churata ofrece su apoyo en la difusión de “7 ensayos” de Mariátegui, cuya aparición era inminente, y se queja de “múltiples y asquerosos enemigos” que campean en Puno: Puede decirse que entre hundirnos para siempre en el fango, hemos decidido tirarnos a flotar sobre él. ¡Figúrese el adefesio de obra que hacemos a la legión de rameras que nos joden a diario!”

C7 (24/4/1929): Churata, muy dolido, explica su demora en responder a una carta de Mariátegui y cancelarle una deuda: Debe usted estar extrañado de mi silencio de tantos días. Pero es que la VIDA, así con mayúsculas, sigue atacando mis izquierdas revolucionarias y se ha propuesto dejarme limpio el camino de todos los seres que eran mi legado de alegría. Ayer fue Teófano Churata, le siguió Quemensa Churata, mis hijos, y el 12 de abril a las cinco y treintainueve de la madrugada, Brunilda mi compañera, chiquilla que con quince años vino desde Chile a pagar mi tributo a la tierra. Fácil es que piense que tanto golpe si me ha endurecido el cuero me ha puesto también muy deslucida el alma”.

Dice haber escrito una réplica a una afirmación de Jorge Basadre sobre el declive del vanguardismo y que además intentará hacer un estudio sobre la “indianidad” (para él, el aspecto medular) de la poesía de José María Eguren.

En 1930 con la temprana muerte de José Carlos Mariátegui, “Amauta” saldría del mercado. Coincidentemente ese mismo año se editaría el último número del “Boletín Titikaka”. Así, los años aurorales del indigenismo en el Perú llegaron a su fin. Entre tanto en Puno, Churata, acusado de agitador comunista, fue perseguido sin tregua por el gobierno de Sánchez Cerro y tuvo que huir a Bolivia donde permaneció más de treinta años.

* Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 16/06/2012.

martes, 28 de febrero de 2012

EL SUTEP CONTRA LA "ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO"*


La educación pública en el Perú no es de las mejores. Este problema no es coyuntural sino crónico. Las sendas reformas educativas ensayadas por los gobiernos de turno han sido inútiles. El presupuesto destinado al sector educación fue siempre irrisorio. Tenemos docentes mal pagados y, tanto peor, mal preparados. El estatus social del magisterio --a despecho de lo que pensaba José Antonio Encinas-- está por los suelos. Sin embargo, hay en el mercado laboral una sobreoferta de profesores. Un auténtico ejército de reserva. El anhelo inmediato (y desesperado) de estos maestros sin trabajo es que el Estado los nombre o siquiera los contrate. Y cada año la cifra de aspirantes se incrementa. Pero las notas desaprobatorias que la mayoría (¿absoluta?) de ellos obtiene en los distintos concursos hablan por sí solas de su calidad docente. El resultado de esta crisis es la pésima formación que reciben los alumnos de la escuela pública. Como siempre la dirigencia del SUTEP culpa al gobierno…y viceversa.


Esta situación se torna más penosa cuando expertos y líderes mundiales coinciden en señalar que, al presente, la clave del desarrollo en el mundo es precisamente la educación. En una investigación periodística sobre las políticas educativas de los países más exitosos del planeta, cuyo fruto es el libro “¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro” (2010), Andrés Oppenheimer confirma dicha tesis. El XXI es el siglo de la economía del conocimiento --dice el periodista-- ergo la clave de la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible no es la economía sino la educación. Hoy por hoy los que tienen en las manos el futuro de sus respectivos países son los ministros de Educación, concluye Oppenheimer.


Así pues urge implementar en el Perú una política educativa a tono con la economía del conocimiento. Paradójicamente el sector más reacio a una posible decisión gubernamental de esta naturaleza es (y será) el órgano que dice representar a los maestros, el SUTEP. El síntoma inequívoco de este “sabotaje” es la reacción visceral del sindicato de marras contra la llamada Ley de la Carrera Pública Magisterial. Si el gobierno decide por fin priorizar la educación, conforme a las “claves del futuro”, esta norma sería apenas el primer paso de la profunda reforma que este sector requiere. Según el economista Ricardo V. Lago la promulgación de la Ley de la Carrera Pública Magisterial constituye una verdadera revolución educativa en el Perú. He ahí el gran mérito del ex ministro José Antonio Chang. Durante su gestión --dice Lago-- la educación pública ha dado un salto de gigante, al incorporar exámenes de aptitud y cursos de capacitación para los docentes, así como escalas de remuneración por resultados.


Amparado en una posición economicista y cortoplacista, el SUTEP ha exigido la derogatoria inmediata de esta ley. Dicen que atenta contra la estabilidad laboral. Las evaluaciones que contempla esta norma son punitivas, aducen. El gran temor de los profesores nombrados es, ciertamente, perder su empleo y sus privilegios laborales (por cierto, escasos). Total, en un país donde las tasas de desempleo son altísimas, conseguir un “nombramiento” en el magisterio al amparo de la antigua Ley del Profesorado --así los sueldos (y el estatus social) sean paupérrimos-- es mil veces preferible a quedarse en la calle. Según la dirigencia del SUTEP, el gobierno debería respetar esa norma (una conquista magisterial). Lo que el sindicato no quiere entender es que contratar o, peor todavía, “nombrar” a malos docentes con estabilidad laboral absoluta --conforme al deseo de ellos-- significaría para el país ni más ni menos un suicidio.


*Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 28/02/2012

domingo, 5 de febrero de 2012

SE ENSEÑA LENGUA Y LITERATURA PARA LA COMUNICACIÓN, NO PARA EL SILENCIO*



Circula ya en el mercado cultural del altiplano Pensar las Lenguas y las Literaturas en el Centenario de José María Arguedas, volumen que reúne las ponencias presentadas en el VI Congreso Regional de Educadores de Comunicación de la Región Puno, evento desarrollado en octubre del año pasado en la ciudad de Azángaro y que concitó la participación de renombrados escritores del medio así como de numerosos profesores de la especialidad, procedentes de todos los confines del departamento, que abarrotaron el teatrín del municipio azangarino.


“En el presente texto existen reflexiones sobre las formas de pensar, actuar y sentir de la crítica literaria, políticas lingüísticas e investigaciones sobre las pedagogías de la enseñanza de la comunicación… Es el testimonio de un homenaje a uno de los más grandes escritores de todos los tiempos: José María Arguedas”, señalan los miembros de la Comisión Organizadora del referido congreso en la “presentación” del libro.


La edición de Pensar las Lenguas y las Literaturas… estuvo a cargo del profesor Ricardo Melo Quispe, quien a su vez presidió la Comisión Organizadora, y los especialistas en Comunicación de las distintas UGELs de la región Puno.


¿Y cuál fue la motivación del congreso y su posterior plasmación en libro? “La tarea de pensar las literaturas y las lenguas en un momento especial para las letras peruanas y puneñas es singularmente relevante. José María Arguedas fue el ágora, la piedra de toque de muchos intelectuales que se congregaron en el histórico pueblo de Azángaro para debatir, discutir, proponer nuevos derroteros para el futuro de la comunicación. Es que en los propósitos de la enseñanza de la lengua y la literatura no se educa para el silencio sino para la comunicación”, sostienen los editores.


El texto consta de tres partes. La primera (crítica literaria) recoge las ponencias de reconocidos escritores como José Gabriel Valdivia (la novelística de Arguedas), Jorge Florez-Áybar (Arguedas versus Vargas Llosa), José Luis Velásquez (la poética de Gamaliel Churata), Walter Bedregal (la narrativa puneña), Darwin Bedoya (la última poesía latinoamericana) y Javier Núñez (análisis del discurso y poesía). A algunos de estos trabajos el rótulo de “crítica literaria” les queda demasiado grande, pues, a decir verdad, son apenas “esbozos” de artículos o ensayos que sus autores deberían trabajar con más seriedad y dedicación. En ciertas ponencias se evidencia la improvisación, el autoplagio, el cut and paste, etc.; otras incitan al sopor desde el título y dos, por lo menos, son auténticos refritos.


La segunda parte del libro, referida a las políticas lingüísticas, contiene un sesudo artículo del Dr. Walter Paz en torno a la teoría lingüística y la enseñanza de las lenguas, y una reflexión (a ratos lacrimosa) del profesor Jaime Barrientos acerca de la inminente extinción de las lenguas andinas.


En la tercera sección, titulada “Investigación y reflexiones pedagógicas en el área de Comunicación”, encontramos cinco aportes de los cuales rescatamos el del poeta y profesor Percy Zaga quien comparte con sus colegas útiles consejos para la enseñanza de la literatura regional. Otra ponencia que destaca, no precisamente por sus virtudes en la redacción sino por la novedad del tema que aborda, es “Sobre la ciberpragmática”, del profesor Pío Chambi, cuyas ideas sueltas y bibliografía podrían ser aprovechadas por los docentes de Comunicación para abrirse camino en esta novísima rama de la lingüística. Los demás trabajos, preparados por los educadores Ricardo Melo, Pedro Vilca y Patricia Ramos, no dejan de ser importantes, aunque sería conveniente que los dos últimos amplíen sus investigaciones de acuerdo a los esquemas que presentaron y publicaron.


Un descuido fatal en la edición del libro objeto de comentario es que algunas ponencias están plagadas de gazapos y erratas, situación que sería tolerable y comprensible si se tratara de una publicación emprendida --digamos-- por ingenieros, profesores de matemática o futbolistas, empero hallar estas deficiencias precisamente en quienes deberían ser los celosos guardianes de la gramática y la buena redacción --escritores, especialistas en Comunicación, maestros de Lengua y Literatura-- es un hecho, por decir lo menos, preocupante. “En casa de herrero, cuchillo de palo”, reza un oportuno refrán. (Walter Paz, quien increíblemente aparece como “corrector” del volumen, se merece un desagravio). A no ser que los errores gramaticales hayan sido sembrados allí adrede, a fin de que los profesores de la materia se ejerciten en la corrección de textos. Si este fuera el caso, habría que aplaudir el ingenio pedagógico de los editores.


Finalmente, al margen de los reparos aquí esgrimidos, cabe felicitar a los organizadores del VI Congreso Regional de Educadores de Comunicación no solo por el éxito de este magno evento desarrollado en Azángaro sino también por plasmar en un libro las ponencias allí sustentadas, contribuyendo así a enriquecer la escasa bibliografía de la especialidad que se produce en Puno. Este esfuerzo editorial, pese a sus limitaciones, debe estimular a los docentes del área para que amplíen cada vez más sus horizontes, de tal modo que sean capaces de enseñar Lengua y Literatura, como dicen los editores, no para el silencio sino para la comunicación.


*Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 03/02/2012.

domingo, 1 de enero de 2012

RECUENTO LITERARIO DEL 2011. GLORIAS Y MISERIAS DE LAS LETRAS PUNEÑAS*


Walter Bedregal, Darwin Bedoya, Luis Pacho, Javier Núñez y Agustín Quispe en Arequipa

En el 2011, a diferencia del pírrico papel que hicieron nuestras autoridades políticas -en el congreso, la región y los municipios-, a los escritores altiplánicos no les fue tan mal. Hubo, cuándo no, algunos -entre tíos y jovenzuelos- que brillaron no por sus libros, sus lauros o su activismo cultural, sino por su ausencia. Diríamos de éstos que son los dignos émulos del gobierno regional o la bancada puneña, dada su ostensible incapacidad o su productividad nula; sin embargo, en el mundo de las letras el silencio es mil veces preferible a los mamarrachos innombrables que ciertos pillos quieren hacer pasar por “literatura” (el año pasado hubo uno dos -minoría absoluta- que lo intentaron), por lo que muchas veces la improductividad resulta en verdad una bendición.
La obtención de galardones de valía nacional y la publicación de poemarios “hito” son los sucesos literarios más resaltantes, aunque no los únicos, del año que se fue. Pero como no todo es perfecto, alguien por ahí perpetró un mamotreto y, por si fuera poco, protagonizó un papelón digno de cómico ambulante.

Los premios: Tres fueron los escritores -relativamente jóvenes- que el pasado año conquistaron para Puno sendos premios nacionales. En el XX Concurso Nacional de Educación Horacio 2011, convocado por la Derrama Magisterial y dirigido a maestros del sector público, el poeta y narrador Darwin Bedoya ocupó el primer lugar en la categoría de Cuento, con su libro “Bosque de luciérnagas”. Por su parte, en el mismo certamen, el poeta Agustín Quispe se hizo del primer puesto en la modalidad de Poesía, con su obra “Herbaje”. Finalmente, el narrador Javier Núñez, con su novela “Vírgenes y herejes”, se impuso en el Premio Nacional de Novela Corta “Ciudad Incontrastable” 2011, organizado por la municipalidad provincial de Huancayo y Bisagra Editores.

Los libros: El 2011 fue, sin duda, el año de la poesía, pues son varios los poemarios de valía que salieron a luz. Uno de ellos es "Gamaliel y el oráculo del agua" (PetroPerú Ediciones, Lima), libro con el que el poeta Boris Espezúa obtuvo, en el 2009, el premio Copé de Oro. No menos importantes son “Estigmas” (Cascahuesos, Arequipa) y “Pájaros al viento” (Qhala, Puno) de Filonilo Catalina y “Espíritu del alba” (Hijos de la lluvia, Juliaca) de Simón Rodríguez. Menos afortunado que los anteriores es “Relámpagos del agua” (Hijos de la lluvia, Juliaca), la opera prima de Víctor Villegas. Por último, hay que mencionar a dos poetas todavía en ciernes -menores de 25 años- que también se atrevieron a publicar sus respectivos libritos: Alexander Hilasaca con “13 lascivas perversiones” (Checca, Puno) y Ronald Chuquija con “Silencios” (Galerías del alma, Puno).
Mención aparte merecen la soberbia antología “Hijos de puta (15 poetas latinoamericanos)” (Hijos de la lluvia, Juliaca) de Darwin Bedoya y la reedición del clásico “5 metros de poemas” (Qhala, Puno) de Carlos Oquendo de Amat, a cargo de José Luis Velásquez.
En narrativa destacan nítidamente, aunque no se difundieron en Puno, el cuentario “Bosque de luciérnagas” (Derrama Magisterial, Lima) de Darwin Bedoya y la novela “Vírgenes y herejes” (Bisagra, Huancayo) de Javier Núñez.
En el campo de los estudios literarios y lingüísticos figuran “Todas las sangres en debate: Científicos sociales versus críticos literarios” (Magreb, Lima) del crítico Dorian Espezúa (obra que tampoco circuló en la región) y “El discurso argumentado. Un enfoque lógico, normativo, dialectico, retórico y comunicativo” (DREP, Puno) del doctor Walter Paz.

La editorial: En este rubro, por walkover, el Grupo Editorial Hijos de la Lluvia (Juliaca), dirigido por Walter Bedregal, se lleva las palmas. Su mérito es haber publicado al menos la mitad de los innumerables títulos que anunció con toda pompa para el 2011. Qhala Editores (Puno), fundado por José Luis Velásquez, resultó -al parecer- una aventura efímera.

El personaje: El año pasado la tragedia del anciano poeta Efraín Miranda, quien sobrevive abandonado y lidiando con sus fantasmas en una casona ruinosa de la ciudad blanca, conmovió a unas cuantas almas ligadas a la cultura. Sendas notas y crónicas de Omar Aramayo, José Luis Velásquez y Javier Nuñez -que lo visitaron con ocasión de la FIL Arequipa 2011- denunciaron esta afrenta inmensurable a la poesía puneña. La intención era organizar siquiera una pollada en pro del autor de “Choza”; pero en Puno -por más que autoridades, políticos y demás farsantes, en el colmo del cinismo y la ignorancia, siguen mascullando eso de “tierra de artistas y poetas”- nada se concretó (a no ser que los hipotéticos benefactores hayan actuado con la más absoluta reserva).

El evento: El evento del año fue, sin lugar a dudas, el VIII Congreso Nacional Linguítico -Literario y I Internacional “Gamaliel Churata”, organizado por los alumnos de Educación (Especialidad de Lengua, Literatura, Psicología y Filosofía) de la Universidad Nacional del Altiplano. Dicho congreso se realizó en la ciudad de Puno, del 24 al 29 de octubre, y contó con la presencia de destacados escritores nacionales como Oswaldo Reinoso, Cronwell Jara, Oscar Colchado, etc. Cabe felicitar efusivamente a los estudiantes Mario Tinta, Verónica Ancco y Zico Rodríguez, sus principales propulsores.

Las revistas: Son tres las publicaciones de este tipo que, en su número inicial, circularon en Puno. “Mar del Sur”, bajo la dirección de los escritores Jorge Flórez y Luis Gallegos; “Letras del Lago”, dirigida por los poetas Luis Pacho y Víctor Villegas, y “Debonsái”, a cargo de los literatos Javier Núñez y Vicente Ytusaca. Ninguna de estas revistas pasó de la primera entrega. Tratándose de “Letras del Lago” la demora es entendible pues se lanzó recién a fin de año; en el caso de las restantes todo indica que debutaron y se despidieron.

El mamotreto: “¡Mata a esa chola de la waraca! ¡Mata a esa chola, carajo! Huelga antiminera de los aymaras en el Perú” (Arteidea, Lima) es el kilométrico membrete del mamotreto antiminero publicado el pasado año por el señor José Luis Ayala. Se trata ni más ni menos de una férrea defensa de los actos de salvajismo y barbarie cometidos, a nombre de los aymaras, por un tal Aduviri y sus compinches durante su huelga contra la minería formal en la región Puno. En el colmo de la desvergüenza el autor de “Mata a esa chola, etc.” llega a parangonar al cabecilla de los revoltosos con Túpac Amaru, Túpac Katari y otros héroes de la historia.

El papelón: El papelón del año ocurrió durante el VIII Congreso Nacional Linguítico -Literario y I Internacional “Gamaliel Churata” y lo protagonizó, otra vez, el señor Ayala. Varios estudiantes se le acercaron para pedirle un autógrafo. Ayala, muy orondo él, firmó uno, dos, ...cuatro ejemplares. Cuando se disponía a estampar su garabato en el quinto, se percató de que la obra no era suya sino de Oswaldo Reinoso quien hacía lo propio más allá. Resulta que los cándidos mozalbetes confundieron las canas y la barriga de Ayala con las del creador de “Los inocentes”. Huelga decir que el roche fue monumental.

En fin, hechas las sumas y las restas, el balance de las glorias y miserias de la literatura puneña en el 2011 es felizmente positivo.

* Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 01/01/2012.




jueves, 15 de diciembre de 2011

Los españoles no nos conquistaron, nos crearon*



Hoy por hoy pululan en la región ciertos intelectuales y dirigentes dizque “originarios” que, muy campantes, proponen “desoccidentalizar” o “descolonizar” el mundo andino; escarbar con uñas y dientes en pos de nuestras “verdaderas” raíces; preservar la “pureza” de las nacionalidades quechuaimaras y -los más levantiscos e intonsos- (re)fundar el Tahuantinsuyo o, a lo mejor, la república aimara so pretexto de la libre determinación de los pueblos. (Amparándose en estos dislates, algunos Atilas del altiplano hasta se dan el lujo de sitiar, quemar y saquear Puno.) Para ellos el único pilar de nuestra identidad es, qué duda cabe, la tradición andina. Si les preguntásemos: ¿qué hay del mestizaje? o ¿nada le debemos a España?, con indignación visceral y, cómo no, “originaria”, sacarían a colación la “leyenda negra” de la conquista española y sus “5 siglos de resistencia”. ¿Alguien dijo resentimiento?


Definitivamente a ellos no les recomendamos leer Quinientos años de mestizaje. Conquistadores y conquistados (2da edición, Legisprudencia, Arequipa, 2011) del doctor Juan Carlos Valdivia Cano. No se atrevan, les provocará no un dolor de cabeza sino un cólico biliar o, quién sabe, un derrame cerebral. Están advertidos. ¿Pero de qué trata este libro? Roger Vilca Apaza, su joven editor, responde: “Pues de lo que siempre hemos evadido y ante lo cual, a lo mucho, encogemos los hombros: de la contextura ética peruana; el resentimiento aquí, allá y más allá. La excusa es perfecta y no hay otra mejor: el ‘recuerdo’ de la conquista española que no queremos revisar, no tanto por evitar la fatiga, en tanto por el miedo a reconocer que no fuimos conquistados, sino, creados por un puñado de ‘hombres malditos’, cuyos valores, nobleza y cojones no tenemos (nunca tuvimos) y ya quisiéramos tener…”


Juan Carlos Valdivia es un abogado arequipeño que por azares de la vida nació en la provincia puneña de Azángaro. Estudió derecho en la UCSM y filosofía en la UNSA, casas de las cuales ahora es catedrático. Durante su estadía en Francia fue auditor de Gillez Deleuze, Michel Foucault y Robert Paris. Obtuvo importantes premios en el extranjero y publicó numerosos libros.


Aunque la primera edición de Quinientos años de mestizaje salió a luz en 1992, cuando se conmemoró precisamente 500 años de la conquista y colonización de América, sus planteamientos no han perdido vigencia. Según Juan Carlos Valdivia, los peruanos no somos conquistados ni conquistadores, ni españoles ni incas, sino herederos con propia identidad, producto del “connubio” hispano-indígena. Antes de ese hecho nuestro país y lo peruano simplemente no existían. Y es que el Perú no es sinónimo de Tahuantinsuyo, sostiene.


“Siendo el Perú -señala el autor- un producto de la conquista, y habiendo impuesto el conquistador su religión, su moral, su lengua, su estructura mental, sus costumbres, sus productos, su derecho, etc., nuestro mestizaje no puede ser sino predominantemente hispano u occidental, justamente por la religión (católica), la moral (cristiana), la lengua (europea), la estructura mental (greco-latina), el derecho (romano), que son variables decisivas, ingredientes esenciales, para determinar la pertenencia o no pertenencia cultural. La sangre y la etnia no son criterios culturales, aunque sean inseparables de ellos. Son irrelevantes para definir a qué cultura pertenece un individuo o comunidad, es decir, para determinar su identidad. Es un criterio racista. Lo que importa es el espíritu, es decir, la cultura en acción”.


Así pues, para Juan Carlos Valdivia, ese resentimiento antihispano y antioccidental (el “trauma de la conquista”) que consiste en identificarse exclusivamente con los conquistados abominando de los conquistadores (lo que no excluye un obscuro sentimiento de admiración por estos últimos), amen de denotar una actitud no precisamente andina sino occidental (dualismo, piedad cristiana), hace que el odio regrese mismo boomerang al propio interior del alma, trocándose para el resentido en veneno letal.


Finalmente, como dice el joven editor de Quinientos años de mestizaje, “quedan pues, amables lectores, cordialmente invitados a no leerlo”.

*Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 14/12/2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

LETRAS (Y LENTEJAS) DEL LAGO



Letras del Lago. Literatura y otras heterodoxias (Puno, Año 10 - Nº 16 / Noviembre de 2011) es la nueva revista que los poetas puneños Luis Pacho y Víctor Villegas han lanzado al mercado cultural del altiplano. Letras del Lago (LL) es la continuación de Pez de Oro -revista literaria ya extinta- pero en un formato más ligero y, al menos en su número inaugural, con una carga ideológica tan explícita como abrumadora.
Desde ya aplaudimos la aparición de LL y le auguramos una larga vida, teniendo en cuenta que sus pares, si existen, prefiguran apenas un ralo herbaje que no promete flor alguna. Sin embargo, aclaramos que no compartimos su sesgo político. Antes bien, estamos en las antípodas. A continuación, exponemos sumariamente y con afán polémico nuestros principales reparos.


¿Heterodoxia? “Literatura y otras heterodoxias” es el subtítulo de LL. Su discurso debería ser entonces heterodoxo, es decir, a contracorriente de un dogma dominante. Veamos. En la página editorial (“Las letras en la hora de la des-globalización”), Pacho y Villegas arremeten contra el sistema, la ideología dominante-mercantilista [sic], el gran capital transnacional, las democracias liberales, la globalización, etc. El gran monstruo es el capitalismo, qué duda puede caber… ¿Será heterodoxo ese “pensamiento” en una región como Puno donde el 99.9 % de “intelectuales” (y no solo ellos) leen y escriben de izquierda a izquierda? Bah. Es más de lo mismo: archisabida monserga, dogma dominante, ortodoxia pura. En el altiplano toparse con un escritor que no sea “zurdo” es como hallar al unicornio azul.
Hay en el referido texto otra afirmación, por decir lo menos, sorprendente: “En el Perú, desde la década del 90 del siglo pasado, hemos vivido la época del latrocinio de nuestros recursos naturales, de la antipolítica y el terror con Fujimori y Montesinos”. (Soslayemos, por fútiles, los cuentos esos del “saqueo” y la “despolitización”). ¿Que la época del terror es culpa del ingeniero Fujimori? ¿Acaso Abimael Guzmán y su banda terrorista nada tienen que ver en el sanguinario asunto? ¿O es que Pacho y Villegas creen que nuestro ex presidente es un genocida y el cabecilla de Sendero un “genio del proletariado”?


El dinosaurio sigue ahí. LL acoge también un artículo de Juan Cristobal, “Arguedas y la situación política actual”, al parecer escrito a vuelapluma y muy soporífero para su corta extensión. La conclusión del poeta capitalino resulta, en verdad, un chiste anacrónico: “Creemos que la sociedad en su conjunto ya no puede seguir soportando todo este clima de injusticia... Debemos dar un gran salto y es a ese mundo que Mariátegui y Vallejo llamaron ‘socialista’. O ‘socialismo mágico’, como lo llamó Arguedas. Mundo que no se sabe por qué misteriosas razones se oculta”. Vaya descubrimiento, señor Juan Cristobal “Colón”; aunque le falta precisar cuál es la vía para dar ese “gran salto” a su edén socialista. Ya el “presidente” Gonzalo intentó hacerlo y por poco no se desbarranca con el Perú a cuestas. No es tan sencillo como brincar la tablita, créalo. Por otro lado, ¿a quién le interesa “ocultar” ese mundo colectivista que, gracias a sus fallas e imperfecciones congénitas, demostró su inviabilidad en la práctica (Rusia, China, Cuba, etc.), sino a los propios socialistas? A sus críticos, antes que esconderlo, nos conviene desnudarlo.
En LL hay asimismo una extensa entrevista al escritor Chano Padilla en torno a su itinerario vital, literario y, cómo no, político. “¿Considera que el socialismo es todavía la alternativa?”, le preguntan. “Es una alternativa, no sé si con otro discurso, no puedo decir si con otras estrategias, sin renunciar a sus ideales de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la humanidad. Y la tendencia es esa. Veamos lo que pasa en América Latina. Los presidentes de los países son ‘socialistas’…”, responde el narrador puneño-abanquino. Por lo visto Chano cree que esos dichosos “ideales de mejorar la vida y el trabajo de la humanidad” son privativos del socialismo. ¿Ah sí? Los hechos no respaldan su lirismo, estimado profesor. El mejor mecanismo, si no el único, para producir riqueza y progreso es el libre mercado (praxis dixit). Los países del primer mundo están en esa onda, el resto -que ensaya modelos colectivistas, estatistas o populistas- naufraga aún en el subdesarrollo. Es más, como dice Andrés Oppenheimer, en el siglo XXI que un gobierno sea comunista, socialista, progresista, capitalista o supercapitalista importa un bledo, pues las alternativas son solo dos: crecer atrayendo más inversiones y exportando productos de mayor valor agregado, o seguir culpando a otros por la pobreza a fin de justificar desaciertos propios.


Mao y la “terruca”. Ojeando las últimas páginas de LL el lector tropieza con el poema “Mucho Tiempo Después Querido Mao Zedong”, de la señora Gloria Mendoza Borda. A decir verdad, algunos de sus versos son dignos de tirarlos por la borda. Helos aquí: “importa que se reafirme/ el nombre de Edith Lagos/ importa que se reafirme/ el nombre de Micaela Bastidas/ importa que se reafirme/ el nombre de Bartolina Sisa/ importa que se reafirme/ el nombre de Rita Puma / las legendarias”. No faltaba más. ¡La “terruca” Lagos encabezando una lista de auténticas heroínas! En fin, si la oda está dedicada a Mao, la tercera espada, otra cosa no se podía esperar.


La docta ignorancia. Finalmente LL publica un “Pronunciamiento de los escritores de Puno frente al último paro aymara” (27/05/11). En él se habla de bucólicos pueblos amenazados por el gobierno, y -por supuesto- se rechaza toda concesión minera, petrolífera o cualquier actividad extractiva permitida a las transnacionales porque resulta que la pachamama es sagrada. Definitivamente, para los suscriptores, el motor del desarrollo peruano no es la minería. Estos escribidores parecen ignorar que el progreso económico, científico y tecnológico del mundo actual sería impensable sin ella. Sus doctos cerebros no pueden asimilar que hoy por hoy prescindir de los minerales y los hidrocarburos significaría involucionar al paleolítico. ¿Será que nunca tuvieron su edad de oro?


Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 02/12/2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

Javier Núñez, Premio Nacional de Novela 2011 CONFESIONES DE UN HEREJE*



El 25 de octubre Bisagra Editores oficializó los resultados del Premio Nacional de Novela Corta “Ciudad Incontrastable” 2011 que dieron por ganador al escritor puneño Javier Núñez, con su novela “Vírgenes y herejes”. La premiación se realizará esta semana en Huancayo. En esta entrevista, Núñez cuenta cómo recibió la noticia del galardón, habla de su obra ganadora y anuncia la inminente publicación de otra novela suya, basada en la muerte de Ciro Castillo.
LA NOTICIA. ¿Cómo recibiste la noticia del premio?
El viernes 21 de octubre, por la tarde, mi celular sonó y no pude creer lo que me estaban diciendo. “¿Señor Javier Núñez?”, preguntó una voz. “Sí”, contesté seguro de mí mismo. “Le estamos llamando desde Huancayo…” Cuando escuché esa palabra mágica (Huancayo) hice una asociación rápida con el concurso de novela. “Los jurados acaban de dar el fallo… Su novela “Vírgenes y herejes” ganó el concurso…” No supe cómo reaccionar. Me sentí confundido, inmóvil…
¿No te alegraste?
Las llamadas que te informan que has ganado un premio son únicas, memorables. Las sensaciones que experimentas mientras te están hablando desde el otro lado del teléfono son misteriosas, inexplicables, son momentos de felicidad absoluta… Quise saltar de alegría o lanzarme al lago de emoción…
Y después a celebrar con los amigos…
Claro, quise compartir la noticia con los amigos más cercanos. Los llamé y celebramos con un brindis. Aún no podía creerlo, parecía un sueño. Temí despertarme en cualquier momento y romper la felicidad…
LA ESPERA. Luego ocurrió algo curioso, Correo lanzó la primicia el domingo 23 de octubre pero los organizadores no confirmaban aún los resultados… En Puno se pensó incluso que era broma. ¿Llegaste a dudar del premio?
Confieso que empecé a dudar. Es que el lunes aún no había resultados oficiales. A cada hora visitaba la web de Bisagra Editores y no se mencionaba nada con respecto al premio. Entonces pensé que era una broma.
Algo así le pasó a un famoso escritor italiano…
Ah, Alberto Moravia. Lo llamaron por teléfono diciendo que había ganado el Premio Nobel. Como es de esperar, el autor de “La romana” lo celebró a lo grande, inclusive hizo declaraciones a la prensa. Pero más tarde se enteró de que era una broma de mal gusto…
Pero felizmente en tu caso el anuncio se oficializó…
Sí, el martes 25 de octubre volví a revisar la web de Bisagra Editores, ya con pocas esperanzas. Vi mi nombre y me emocioné como la primera vez. No supe a quién llamar ni qué hacer. Les confirmé la noticia a los amigos. Ahora sí, el premio era mío y no estaba soñando…
LA NOVELA. ¿Cuánto tiempo te demandó escribir “Vírgenes y herejes”?
Esta novela la escribí durante el 2008, con una disciplina eclesiástica. Pero mucho antes estuve madurando la idea primigenia. La primera versión estaba narrada en varios planos. Eran dos novelas en un solo libro. Luego me di cuenta de que era necesario ajustar la historia. Muchos planos estaban sueltos; no había una cohesión perfecta entre sus partes.
¿Entonces la tuviste que reescribir?
En realidad, el 2009 la novela, como quien dice, descansó; no la toque para nada. El 2010 me tomé el tiempo para reescribirla. Taché todo lo que estaba demás. De 300 páginas me quedé con 200. Borré varios capítulos y añadí uno nuevo. De hecho, varios títulos desfilaron por la portada de la novela. El 2011 la corregí varias veces antes de enviarla al concurso.
¿Cómo está narrada la novela?
En la novela experimento varios tipos de técnicas narrativas habidas y por haber. Algunas son invenciones mías…
¿Hay un eje temático?
Con relación al tratamiento temático, quise que sea una novela total. Por poner un ejemplo, los temas que se abordan son: conflicto social en el país, conspiración, mito, leyenda, tradición, exotismo, fantasía, ciencia, masonería, civilizaciones legendarias, amor, sexo, aventura, venganza, muerte, etc.
A grosso modo, ¿de qué trata “Vírgenes y herejes”?
La historia se centra en Christopher de la Riva, aspirante a escritor, quien emprende una búsqueda obsesiva de un libro censurado, prohibido para católicos, y cuyos ejemplares fueron destruidos. Solo se conserva uno. El libro narra la historia de tres sujetos sacrofílicos que boicotearon en dos ocasiones una fiesta patronal en Puno (el 2 de febrero), profanaron iglesias, vírgenes y santos, torturaron a los curas, etc.
EL ANUNCIO. ¿Estás trabajando en algún otro libro?
Estoy dando los últimos retoques a una novela basada en Ciro y Rosario. Es una historia que combina ficción y realidad... Muy pronto circulará en las librerías.


* Entrevista publicada en el diario Correo (Puno), 17/11/2011.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Por qué Sendero Luminoso fracasó en el altiplano?*



Conflicto interno/ escuela y maestro en el altiplano puneño (1980 – 1990) (Qhala editores, Puno, 2011) es un folleto que forma parte del informe (documento de trabajo) que el escritor José Luis Velásquez Garambel (Puno, 1980) presentó hace algunos años a la Comisión Internacional de Derechos Humanos y la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional, en calidad de miembro “voluntario” del Grupo de Trabajo Región Sur Andina cuya labor consistió en visitar el penal de Yanamayo y entrevistar a algunos miembros de Sendero Luminoso para luego transcribir los audios.


En Conflicto interno, escuela y maestro en el altiplano puneño, Velásquez Garambel pretende esclarecer las razones del fracaso total de Sendero Luminoso en Puno. ¿Qué motivó el aislamiento social y la derrota política de este grupo terrorista en el altiplano? ¿Cómo se produjo en el campesino puneño ese tránsito de la aparente simpatía inicial a la resistencia y posterior repudio del PCP SL?


Según Velásquez Garambel, Sendero se enfrentó en Puno -en su afán de convertirlo en el “segundo Ayacucho” y a diferencia de lo que ocurrió en otras regiones- a distintos actores como organizaciones campesinas (Federación Departamental de Campesinos de Puno - FDCP), partidos políticos (PUM, IU, Patria Roja, APRA, etc.), Iglesia Católica del Sur Andino (Vicarías de Solidaridad), Policía Nacional y Fuerzas Armadas.


Dice el autor que el llamado conflicto interno se entrecruzó en el altiplano con los viejos conflictos por la tierra y el acceso a la escuela, los rezagos terratenientes y la desigualdad social y étnica. “El proceso del conflicto armado interno en el norte del departamento de Puno,…predominantemente quechua, estuvo vinculado a la crisis del sistema asociativo creado por la reforma agraria y a la lucha por la reestructuración democrática de la propiedad de la tierra, además de las formas de exclusión implantadas desde la ‘escuela’…”, sostiene Velásquez Garambel. En la zona sur, en cambio, el grupo terrorista nunca fue capaz de lograr el apoyo de los aimaras, aun cuando constituyó sus tres primeras células en Juli. Esto porque allí la presencia de las empresas asociativas (instauradas por el velascato) no fue significativa.


Según el autor Sendero pretendió arrogarse el liderazgo en el proceso de “recuperación de las tierras” emprendido en 1987 por la FDCP, organización campesina que jugó un papel crucial en la lucha contra el grupo subversivo, pues, a diferencia de éste, que proponía recobrar la tierra con las armas, optaba más bien por reestructurar democráticamente la propiedad de la misma. El gran fracaso PCP SL, arguye Velásquez Garambel, radica en su incapacidad de convencer a los campesinos puneños, pues por más que intentó captar mandos o cuadros entre quechuas y aimaras, éstos rechazaron tajantemente los métodos violentos y de terror para alcanzar la reestructuración de la tierra.


El autor agrega que Sendero logró reclutar a sus primeros militantes entre los maestros, el Frente de Organizaciones Populares, los Institutos Superiores Pedagógicos y el Frente Estudiantil Revolucionario de la Universidad Nacional del Altiplano, es decir, los sectores indígenas más vulnerados que habían logrado acceder a las instituciones superiores de enseñanza.


En la última parte del libro, Velásquez Garambel relata la conmovedora historia de Porfirio Suni Quispe, maestro rural que lideró la Federación Unitaria de Campesinos de Aricoma (FUCA), ente que promovió la reestructuración de la SAIS “Aricoma”. Inicialmente Suni Quispe fue acusado por dicha empresa de agitador y aliado del terrorismo, por lo que en 1988 sufrió detención y tortura policial. Una vez liberado, gracias a la presión de diversas instituciones, fue elegido diputado por Izquierda Unida, cargo desde el cual apoyó la conformación de Rondas Campesinas a fin de contrarrestar la violencia senderista, motivo por el cual, en 1991, un comando de aniquilamiento del PCP SL lo asesinó en Juliaca.


*Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 09/10/11