viernes, 18 de noviembre de 2011

Javier Núñez, Premio Nacional de Novela 2011 CONFESIONES DE UN HEREJE*



El 25 de octubre Bisagra Editores oficializó los resultados del Premio Nacional de Novela Corta “Ciudad Incontrastable” 2011 que dieron por ganador al escritor puneño Javier Núñez, con su novela “Vírgenes y herejes”. La premiación se realizará esta semana en Huancayo. En esta entrevista, Núñez cuenta cómo recibió la noticia del galardón, habla de su obra ganadora y anuncia la inminente publicación de otra novela suya, basada en la muerte de Ciro Castillo.
LA NOTICIA. ¿Cómo recibiste la noticia del premio?
El viernes 21 de octubre, por la tarde, mi celular sonó y no pude creer lo que me estaban diciendo. “¿Señor Javier Núñez?”, preguntó una voz. “Sí”, contesté seguro de mí mismo. “Le estamos llamando desde Huancayo…” Cuando escuché esa palabra mágica (Huancayo) hice una asociación rápida con el concurso de novela. “Los jurados acaban de dar el fallo… Su novela “Vírgenes y herejes” ganó el concurso…” No supe cómo reaccionar. Me sentí confundido, inmóvil…
¿No te alegraste?
Las llamadas que te informan que has ganado un premio son únicas, memorables. Las sensaciones que experimentas mientras te están hablando desde el otro lado del teléfono son misteriosas, inexplicables, son momentos de felicidad absoluta… Quise saltar de alegría o lanzarme al lago de emoción…
Y después a celebrar con los amigos…
Claro, quise compartir la noticia con los amigos más cercanos. Los llamé y celebramos con un brindis. Aún no podía creerlo, parecía un sueño. Temí despertarme en cualquier momento y romper la felicidad…
LA ESPERA. Luego ocurrió algo curioso, Correo lanzó la primicia el domingo 23 de octubre pero los organizadores no confirmaban aún los resultados… En Puno se pensó incluso que era broma. ¿Llegaste a dudar del premio?
Confieso que empecé a dudar. Es que el lunes aún no había resultados oficiales. A cada hora visitaba la web de Bisagra Editores y no se mencionaba nada con respecto al premio. Entonces pensé que era una broma.
Algo así le pasó a un famoso escritor italiano…
Ah, Alberto Moravia. Lo llamaron por teléfono diciendo que había ganado el Premio Nobel. Como es de esperar, el autor de “La romana” lo celebró a lo grande, inclusive hizo declaraciones a la prensa. Pero más tarde se enteró de que era una broma de mal gusto…
Pero felizmente en tu caso el anuncio se oficializó…
Sí, el martes 25 de octubre volví a revisar la web de Bisagra Editores, ya con pocas esperanzas. Vi mi nombre y me emocioné como la primera vez. No supe a quién llamar ni qué hacer. Les confirmé la noticia a los amigos. Ahora sí, el premio era mío y no estaba soñando…
LA NOVELA. ¿Cuánto tiempo te demandó escribir “Vírgenes y herejes”?
Esta novela la escribí durante el 2008, con una disciplina eclesiástica. Pero mucho antes estuve madurando la idea primigenia. La primera versión estaba narrada en varios planos. Eran dos novelas en un solo libro. Luego me di cuenta de que era necesario ajustar la historia. Muchos planos estaban sueltos; no había una cohesión perfecta entre sus partes.
¿Entonces la tuviste que reescribir?
En realidad, el 2009 la novela, como quien dice, descansó; no la toque para nada. El 2010 me tomé el tiempo para reescribirla. Taché todo lo que estaba demás. De 300 páginas me quedé con 200. Borré varios capítulos y añadí uno nuevo. De hecho, varios títulos desfilaron por la portada de la novela. El 2011 la corregí varias veces antes de enviarla al concurso.
¿Cómo está narrada la novela?
En la novela experimento varios tipos de técnicas narrativas habidas y por haber. Algunas son invenciones mías…
¿Hay un eje temático?
Con relación al tratamiento temático, quise que sea una novela total. Por poner un ejemplo, los temas que se abordan son: conflicto social en el país, conspiración, mito, leyenda, tradición, exotismo, fantasía, ciencia, masonería, civilizaciones legendarias, amor, sexo, aventura, venganza, muerte, etc.
A grosso modo, ¿de qué trata “Vírgenes y herejes”?
La historia se centra en Christopher de la Riva, aspirante a escritor, quien emprende una búsqueda obsesiva de un libro censurado, prohibido para católicos, y cuyos ejemplares fueron destruidos. Solo se conserva uno. El libro narra la historia de tres sujetos sacrofílicos que boicotearon en dos ocasiones una fiesta patronal en Puno (el 2 de febrero), profanaron iglesias, vírgenes y santos, torturaron a los curas, etc.
EL ANUNCIO. ¿Estás trabajando en algún otro libro?
Estoy dando los últimos retoques a una novela basada en Ciro y Rosario. Es una historia que combina ficción y realidad... Muy pronto circulará en las librerías.


* Entrevista publicada en el diario Correo (Puno), 17/11/2011.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Por qué Sendero Luminoso fracasó en el altiplano?*



Conflicto interno/ escuela y maestro en el altiplano puneño (1980 – 1990) (Qhala editores, Puno, 2011) es un folleto que forma parte del informe (documento de trabajo) que el escritor José Luis Velásquez Garambel (Puno, 1980) presentó hace algunos años a la Comisión Internacional de Derechos Humanos y la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional, en calidad de miembro “voluntario” del Grupo de Trabajo Región Sur Andina cuya labor consistió en visitar el penal de Yanamayo y entrevistar a algunos miembros de Sendero Luminoso para luego transcribir los audios.


En Conflicto interno, escuela y maestro en el altiplano puneño, Velásquez Garambel pretende esclarecer las razones del fracaso total de Sendero Luminoso en Puno. ¿Qué motivó el aislamiento social y la derrota política de este grupo terrorista en el altiplano? ¿Cómo se produjo en el campesino puneño ese tránsito de la aparente simpatía inicial a la resistencia y posterior repudio del PCP SL?


Según Velásquez Garambel, Sendero se enfrentó en Puno -en su afán de convertirlo en el “segundo Ayacucho” y a diferencia de lo que ocurrió en otras regiones- a distintos actores como organizaciones campesinas (Federación Departamental de Campesinos de Puno - FDCP), partidos políticos (PUM, IU, Patria Roja, APRA, etc.), Iglesia Católica del Sur Andino (Vicarías de Solidaridad), Policía Nacional y Fuerzas Armadas.


Dice el autor que el llamado conflicto interno se entrecruzó en el altiplano con los viejos conflictos por la tierra y el acceso a la escuela, los rezagos terratenientes y la desigualdad social y étnica. “El proceso del conflicto armado interno en el norte del departamento de Puno,…predominantemente quechua, estuvo vinculado a la crisis del sistema asociativo creado por la reforma agraria y a la lucha por la reestructuración democrática de la propiedad de la tierra, además de las formas de exclusión implantadas desde la ‘escuela’…”, sostiene Velásquez Garambel. En la zona sur, en cambio, el grupo terrorista nunca fue capaz de lograr el apoyo de los aimaras, aun cuando constituyó sus tres primeras células en Juli. Esto porque allí la presencia de las empresas asociativas (instauradas por el velascato) no fue significativa.


Según el autor Sendero pretendió arrogarse el liderazgo en el proceso de “recuperación de las tierras” emprendido en 1987 por la FDCP, organización campesina que jugó un papel crucial en la lucha contra el grupo subversivo, pues, a diferencia de éste, que proponía recobrar la tierra con las armas, optaba más bien por reestructurar democráticamente la propiedad de la misma. El gran fracaso PCP SL, arguye Velásquez Garambel, radica en su incapacidad de convencer a los campesinos puneños, pues por más que intentó captar mandos o cuadros entre quechuas y aimaras, éstos rechazaron tajantemente los métodos violentos y de terror para alcanzar la reestructuración de la tierra.


El autor agrega que Sendero logró reclutar a sus primeros militantes entre los maestros, el Frente de Organizaciones Populares, los Institutos Superiores Pedagógicos y el Frente Estudiantil Revolucionario de la Universidad Nacional del Altiplano, es decir, los sectores indígenas más vulnerados que habían logrado acceder a las instituciones superiores de enseñanza.


En la última parte del libro, Velásquez Garambel relata la conmovedora historia de Porfirio Suni Quispe, maestro rural que lideró la Federación Unitaria de Campesinos de Aricoma (FUCA), ente que promovió la reestructuración de la SAIS “Aricoma”. Inicialmente Suni Quispe fue acusado por dicha empresa de agitador y aliado del terrorismo, por lo que en 1988 sufrió detención y tortura policial. Una vez liberado, gracias a la presión de diversas instituciones, fue elegido diputado por Izquierda Unida, cargo desde el cual apoyó la conformación de Rondas Campesinas a fin de contrarrestar la violencia senderista, motivo por el cual, en 1991, un comando de aniquilamiento del PCP SL lo asesinó en Juliaca.


*Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 09/10/11

viernes, 5 de agosto de 2011

¿HOMENAJE A JOSÉ MARÍA ARGUEDAS O PARANOIA ARGUEDIANA?

Mar del Sur es otra revista literaria cuyo número inicial se lanzó este año en Puno. Bajo la dirección del escritor Jorge Flórez Áybar y la edición del narrador Luis Gallegos Arreola, esta publicación pretende homenajear al escritor peruano José María Arguedas -de cuyo nacimiento se recuerda este año el centenario- aunándose a las voces que critican la decisión gubernamental de conmemorar oficialmente el descubrimiento de Machupicchu dejando de lado al creador de Todas las sangres.
Si bien es necesario felicitar cualquier iniciativa cultural, más todavía si se trata de publicaciones literarias, no se puede soslayar algunos despropósitos en los que incurre la mencionada revista so pretexto de reivindicar a su autor predilecto.
Mar del Sur contiene, entre otras cosas, dos artículos sobre Arguedas: uno de ellos, firmado por Flórez Áybar, titula ¿Arguedas o Vargas Llosa? Deslindes y perspectivas, mientras que el otro, escrito por José Luis Ayala, trata de la Capacidad creadora del pueblo (en alusión a un ensayo folklórico de Arguedas). Ambos articulistas se empeñan en forzar una confrontación raigal e inconciliable entre el Nóbel y el autor de Los ríos profundos, pues, para ellos, el primero (MVLL) representa a la cultura “occidental” y el segundo (JMA) a la cultura “andina”.
Así, Flórez Áybar quiere hacer creer que MVLL envidió siempre a JMA. La prueba de ello sería La utopía arcaica (1996), libro en el que el Nóbel pretendería, según Flórez, desacreditar la obra arguediana borrando a su autor de un plumazo del mapa literario. Por su parte, José Luis Ayala suscribe de pe a pa este “argumento”. A decir de él, JMA es una eterna víctima de los poderes oficiales -a diferencia de MVLL- , alguien que fue maltratado en vida (como Vallejo, Oquendo, Churata, etc.) y más todavía una vez muerto: ¿acaso el gobierno no se negó a consagrar el 2011 como el año de su centenario?
En el fondo, el pecado capital que Flórez y Ayala no le perdonan al Nóbel es que éste, a inicios de los setenta, se haya sacudido del izquierdismo para, con él tiempo, defender y difundir el liberalismo (aunque su reciente apoyo a Humala haya dejado mucho que desear). El recurso retórico que los articulistas en mención emplean para, a nombre de los andinos y Arguedas, arremeter contra los occidentales y Vargas Llosa es el archisabido “victimismo”. Ay, Occidente desea liquidar nuestras raíces andinas; están destruyendo nuestra identidad; quieren borrar nuestra cultura; nos están arrinconando, silenciando, aplastando…y así hasta la náusea. Olvidan adrede que esta burda dicotomía le hace mucho daño al país y a la literatura, más aún cuando hoy es impensable concebir lo andino sin lo occidental.
Tan absurdo es el dualismo Arguedas/Vargas Llosa que en las páginas de la propia revista -y por boca del mismísimo autor de Yawar fiesta- halla su refutación. Pues, de acuerdo a una entrevista que Tomás Escajadillo le hizo a Arguedas (incluida en Mar del Sur), éste consideraba a Vargas Llosa, ni más ni menos, en el grupo de los “grandes” escritores.

* Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 22/07/2011.

jueves, 28 de julio de 2011

LA GENERACIÓN PERDIDA

¿Por qué los literatos peruanos prefieren escribir poemas antes que novelas?, le habrían preguntado cierta vez a Mario Vargas Llosa. Porque son unos flojos, habría sido su respuesta. Si la opinión del Nóbel fuese cierta, nuestra región sería la capital del ocio. Y es que de cada diez escribientes altiplánicos, nueve por lo menos emborronan versos. No en balde se dice que en Puno todos son poetas mientras no demuestren lo contrario.
Así, la literatura puneña está copada, si no infestada, de rapsodas. A tal punto que fue necesario “importar” un narrador nato desde Abancay -Feliciano Padilla- para que el nombre de Puno figure mal que bien en los premios Copé y las antologías del cuento peruano. Claro que después emergerían del lago otros cuentistas de valía como Elard Serruto, Adrián Cáceres, Christian Reinoso, Javier Núñez, etc. Tarde nos enteraríamos que un tal Carlos Calderón Fajardo, narrador de talla internacional, había nacido en Juliaca.
En poesía, como ya se dijo, nos sobran los nombres y los versos. De buenas a primeras esta inflación poemática parecería un motivo más para ensalzar a la ciudad del lago. Pero si apartáramos la maleza del jardín, quedarían a lo mucho una decena de poetas: Oquendo de Amat, Alejandro Peralta y Alberto Mostajo; Omar Aramayo, Efraín Miranda y Vladimir Herrera; Alfredo Herrera, Luis Rodríguez…y otros que no consignamos por falta de espacio.
Después del clímax vanguardista (Oquendo, Peralta, etc.), la lírica puneña reflota en los 60 con la célebre Promoción Intelectual Carlos Oquendo de Amat integrada, entre otros, por Omar Aramayo, Percy Zaga, Gloria Mendoza, José Luis Ayala. Luego vendrán los vates de los 80: Alfredo Herrera, Boris Espezúa, Lolo Palza, etc. En los 90 se hablará de una prolífica “generación de fin de siglo”: Simón Rodríguez, Wálter Paz, Gabriel Apaza, Fidel Mendoza, Edwin Ticona, Luis Pacho, Darwin Bedoya, Edy Sayritúpac, Luis Rodríguez, entre otros… ¿Y después de los 90?
Fueron Darwin Bedoya y Luis Pacho los primeros en hablar -o sugerir la idea- de una flamante camada poética distinta a la de ellos. La denominaron “generación del post-2000”. Empero, según Bedoya, estos novísimos estaban en la calle pues sólo habían perpetrado “versos huérfanos de toda arte poética”. Pacho estaba de acuerdo. Para él, la tradición poética puneña había concluido con la generación de fin de siglo; no obstante, de entre los novatos había que rescatar a los menos malos: Velásquez, Talavera, Ticona y Huamán.
La reacción de los aludidos no se hizo esperar. La conclusión de que todos los novísimos son malísimos es apresurada, se alegaba. Hasta se habló de “estos cinco”: Incacutipa, Ligue, Quispe, Huamán y Cruz. Craso error. Al presente, de los “cinco esos”, cuatro por lo menos perdieron la brújula. La desbandada de esta fallida generación poética era fácilmente previsible y sus apologistas no quisimos darnos por enterados.
Pacho y Bedoya estaban en lo cierto. Finalmente el tiempo les dio la razón. Huelga decir que la poesía del post-2000 está a leguas de la poesía de fin de siglo. Ninguno de los otrora novísimos puede parangonarse con los mejores exponentes de los 90. No hay entre aquéllos un Simón Rodríguez, un Darwin Bedoya, un Luis Rodríguez. Las posibilidades de que eso ocurra son cada vez más remotas.
“Generación perdida” denominó recientemente Bedoya a ese puñado de ex jóvenes, nacidos entre fines del 70 e inicios del 80, que hace un lustro o más pugnaban por pegarla de novísimos vates de la lírica altiplánica. Remedos estériles, innovación nula, carencia de nuevos referentes, producción nimia y baladí, etc., etc., son las taras achacables a los integrantes de la primera hornada del post-2000. ¿Qué otra cosa se puede esperar de quienes (ya) no leen poesía, creen que la bohemia lo es todo, garrapatean cuartillas -en el mejor de los casos- una vez al mes, y ni siquiera manejan aceptablemente la gramática? En sus vidas la poesía significó apenas un efímero arrebato post adolescente.
Este balance no es gratuito ni peca de ampuloso. Es tan pobrísimo el papel que hasta el momento jugaron los susodichos -mejor olvidemos sus nombres- que el mote (“generación perdida”) les calza como epitafio a nicho.

* Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 11/08/2011.

viernes, 15 de julio de 2011

Darwin Bedoya: A LA CAZA DE LUCIÉRNAGAS


Escritor puneño habla del microcuento, de su libro “Bosque de luciérnagas” y del premio que con él obtuvo.


Darwin Bedoya Bautista (1974) acaba de conseguir un importante galardón en el XX Concurso Nacional de Educación Horacio 2011: el primer puesto en la categoría de cuento. Nacido en Moquegua pero “reensamblado en Puno”, como le gusta bromear, Bedoya (que creció y se formó en Juliaca) es docente de literatura, narrador, crítico, editor, promotor cultural, panfletario temible (su estilo irreverente, lapidario y corrosivo alborotó varias veces el gallinero literario, indisponiéndole con gallos viejos y polluelos) y, sobre todo, un excelente poeta (tal vez uno de los tres mejores de la llamada “generación de fin de siglo”).
Ha publicado los poemarios “Jardines del silencio” (2004), “Yarume” (2006), “Leve ceniza” (2010), el libro de microcuentos “Aunque parezca mentira” (2007), entre otros. Y tiene el mérito de haber cosechado lauros en certámenes de primera categoría como el Concurso Nacional de Poesía Alberto Hidalgo (Arequipa) en 1998 y el Concurso Internacional de Poesía Ciudad de Torrevieja (Alicante, España) en el 2006.
“Bosque de luciérnagas” es el libro de microcuentos con el que Bedoya obtuvo este año el Horacio. Se trata de su tercer texto de prosa minificcional, pues, a parte de “Aunque parezca mentira”, tiene otro en prensa titulado “Electra machina”.
Horacio es un premio nacional instituido por la Derrama Magisterial en homenaje al líder sindical y poeta Horacio Zevallos Gámez, y dirigido a maestros del sector público. El concurso se convoca anualmente en las categorías de poesía, cuento, novela corta, ensayo pedagógico, pintura, etc.
Darwin Bedoya no es el primer escritor puneño en ganar un Horacio, antes que él lo hicieron los poetas Walter Paz y Luis Pacho. Asimismo este año los profesores Agustín Quispe Paco y Manuel Herencia Villasante, ambos de Puno, ocuparon el primer y segundo lugar respectivamente, en la modalidad de poesía.
He aquí una entrevista que el galardonado escritor nos concedió antes de enrumbarse a Lima donde el viernes 15 de julio, a horas 7:00 p. m., en el auditorio de la Derrama Magisterial, recibió el codiciado premio.


I. El cuento y la vida


Eres (re)conocido sobre todo como poeta, ¿de qué época data tu afición por escribir narrativa?


Esta es una pregunta recurrente que me hacen los amigos, los escritores que participan en los talleres de creación y los estudiantes en el colegio. Con seguridad te puedo decir que yo empecé escribiendo cuentos. (Mis primeros poemas tienen mucho de cuento, mis últimos poemas, por momentos se dejan ganar por la prosa poemática). Los cuentos han sido para mí una constante. Supongo que las culpables de ello son mi abuela y mi madre.


Casi todos los escritores andinos rememoran con nostalgia las mil y una historias que, cuando niños, les contaban sus madres o abuelas. ¿Ocurre lo mismo contigo?


Bueno, sí. Recuerdo que mi abuela nos reunía en la cocina de la Casa grande, así le llamábamos a su habitación, no me olvido que tenía una serie de cosas antiguas colgando de las paredes, algunas herraduras con parte de las patas de los caballos, algunas cabezas disecadas de venados, zorrinos, hurones. Algunas canastas con hierbas secas, algunos adornos tallados en madera. Algunos trozos de cadenas, algunos metros de sogas, baúles de cedro, algunos tejidos de vicuña, algunos ceramios, muchas estacas de todo tamaño esparcidas y colgadas en todo lugar, huesos de animales que hasta hoy me pregunto de qué habrán sido, etc. Todo como una escena de película; era bajo ese escenario que nos contaba historias sobre condenados, sobre sirenas, sobre cucos, sobre duendes, sobre bultos, sobre brujas, sobre encantamientos, sobre desapariciones; todo bajo la leve luz de un candil que daba la señal para acostarse porque la función había terminado.


Tu abuela parece un personaje de “Aunque parezca mentira”…


En realidad ella era la verdadera cuentista, quizá por ello también sea personaje de varios cuentos míos; inclusive, en algunos de ellos se puede percibir su voz, en esta cadena de sucesiones. Quiero apuntar también que la mayoría de personajes y escenarios pertenecen a Moquegua, que es el lugar donde me crié y pasé los primeros años de mi vida, mis primeros aprendizajes de cómo se narra un cuento. Ahora, el caso de los relatos que solía contarme mi madre es más intenso todavía, pero esa es otra historia.


II. El microcuento (o el abecedario de la hormiga)


En el 2007 publicaste tu primer libro de microcuentos, asimismo hiciste una antología universal de este, llamémosle así, subgénero, ¿qué es el microcuento y qué lo diferencia, a parte de la extensión (obvio), del cuento o la novela?


Creo que a estas alturas ya no se puede decir que el microcuento sea un subgénero, estamos hablando de un género cabal y completo, con todas sus particularidades y características. Tiene una textualidad autónoma. Creo que hace rato ha sobrepasado las fronteras mismas del cuento...


De acuerdo, ¿qué puedes decirnos entonces de este nuevo género?


Bueno, el microcuento es un texto pragmático, sus rasgos más elementales, los críticos lo han dicho: su carácter fragmentario, la transtextualidad, su rasgo híbrido y proteico, su sensibilidad neobarroca, su semblante sensual, su dimensión paródica, su detenimiento en la parábola, su lenguaje poético, sus alegorías fabulescas, su arranque de un final violento, etc. Creo que podríamos enumerar un sinfín de argumentos que lo distinguen de un cuento o una novela. Pero, especialmente quiero incidir en un aspecto que al menos yo considero: los microcuentos me permiten realizar actos lúdicos, me permiten construir metalepsis, lipogramas y tautogramas, además de ambigüedades semánticas que me permiten hacer trabajar al lector para que él mismo contribuya en la construcción del final de la historia, si la hay.
Quiero referirme brevemente a El lavapiés de la hormiga la antología que me dices, pasados creo 3 años desde que salió publicada. Ahora la van a reeditar por estos días en una revista electrónica de México, será un especial que saldrá en separata aparte como suplemento de una revista de literatura sobre microcuentos. Ya habrá tiempo para releerla.


¿Qué afinidades encuentras entre el microcuento y la poesía?


Sin duda, el rasgo más común entre ambos géneros es la orfebrería que hay con el uso de las palabras. Obviamente que aquí también debo recalcar el lenguaje poético que hace del microcuento un motivo muy literario. Ahora que reflexiono sobre esto, me doy cuenta que ese es un requisito muy necesario a la hora de escribir un cuento, claro, al menos para mí.


¿Quiénes son para ti los maestros universales del microcuento? ¿Figura por ventura algún peruano (o puneño) entre ellos?


Hay una lista larga de maestros en este género. Puneños ciertamente no hay. Pero sí varios peruanos, entre todos rescato a Fernando Iwasaki, el tipo es genial. Ahora entre los clásicos, podrían estar en esta lista: Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan José Arreola, Juan Armando Epple, Ana María Shua, Lilian Elphick, Marco Denevi, etc. Desde el otro lado estarían: Cheever, Carver, Salinger, Tedson, McClay, Berry y el viejo cascarrabias: Hudson K. La lista podría seguir, hasta me gustaría citar los microcuentos que más me gustaron, pero ya habrá oportunidad.


III. Una excursión (nocturna) al bosque de las luciérnagas


“Bosque de luciérnagas” se llama el libro de microcuentos con el que te impusiste en el Horacio 2011. La luciérnaga es un símbolo recurrente en la poesía puneña de fin de siglo, ¿qué significa para ti?


Bueno, la luciérnaga, es verdad, ha sido motivo de detenimiento en varios poetas puneños, recuerdo a Gabriel Apaza y su duda de la luciérnaga, también me viene a la memoria otros poetas que la han mencionado en sus versos: Luis Pacho, Edwin Ticona, entre otros; en mi caso, la luciérnaga simboliza dos cosas: la luminosidad y el lado femenino, creo que con estos dos referentes armo la idea de la significación poética que asume en mis textos la luciérnaga. Recuerdo haber leído alguna vez un hayku (otro de mis platos favoritos) que decía: como la luciérnaga: buscamos una verdad que en nuestra ceguera se hace esperanza.


¿Cuál es el eje temático que da unidad a los microcuentos reunidos en “Bosque de luciérnagas”?


Mira, el eje temático es la revisión de la historia clásica que envolvió a ciertos personajes muy conocidos en el mundo literario. Este libro posee un conjunto de los personajes ya conocidos, todos son femeninos, 53 en total, desde Eva hasta Marilyn Monroe. Lo que hice fue transferirle otro asunto a lo ya conocido por todos. Remake le llaman a esto creo. Todos los textos están basados, como entenderás, en lo ya dicho por la Biblia, los clásicos griegos y los otros clásicos de siempre.


¿Cómo sitúas “Bosque de luciérnagas” con relación a “Electra machina” y “Aunque parezca mentira”, tus otros dos libros de prosa minificcional?


Aunque parezca mentira y Electra machina (este último inédito) son libros que se detienen o se concentran en el microcuento, es verdad, el tema es más variado y los personajes pertenecen a otro tipo de invención. Pero al fin, son elípticos y transficcionales, por ello es que no tienen diferencias mayores, claro aparte de los personajes y la extensión que los caracteriza. Algunos personajes como La Perricholi y Sarita Colonia, por ejemplo en Bosque de luciérnagas, un poco como que me ganaron, digo en el sentido de su bravía y su lado tierno. Fue un poco fácil, en cambio, trabajar con Liliah o Lolita.


IV. Premio / sorpresa


Algunos escritores se niegan a participar en concursos; otros lo hacen con una motivación “estrictamente económica”, ¿qué opinas de los galardones literarios?


Primero que nada, creo que los premios son un aliciente. Te permiten seguir escribiendo en el sentido de que al ser revisados por un jurado (tres o cuatro normalmente) recibes una opinión de alguien que no te conoce y cuando ganas, dices: Creo que voy más o menos. Y cuando no figuras ni en la lista de los finalistas, puedes decir con toda seguridad: algo anda mal en lo que escribo. Me valgo de los jurados, porque normalmente los amigos de tu entorno, porque te conocen, te dicen: eres genial. En otras ocasiones, de manera seria, te dicen: vas por el camino equivocado. Pero normalmente nunca te dicen la verdad. Ese creo que es el primer motivo de estar en esto de los concursos que, dicho sea de paso, a veces te ayudan para poder publicar un libro.


¿Y cuál sería tu segunda razón?


Creo que los concursos también te permiten ver cómo vas con respecto a los demás. En qué lugar de la marcha te ubicas. Claro que en la mayoría de veces no le ganas a nadie que quisieras ganarle. Finalmente, como habrás podido ver en mis cuatro libros anteriores (y aquí no quiero pecar de nada), todos tienen unas líneas que mencionan que obtuvo un reconocimiento en tal o cual certamen, supongo que eso ya se ha convertido en una costumbre para mí. Creo que en eso radica mi motivación.


Para terminar, ¿por qué no concursaste en la modalidad de poesía si ahí tenías iguales o mayores posibilidades de ganar?


En verdad no tenía material listo en poesía para participar en ese género. Sabes que uno no escribe para tal o cual concurso. Bosque de luciérnagas lo empecé hace 4 años y aún siento que no lo he terminado. He revisado, he releído y los 27 personajes que aún están en boceto conformarían el libro original de 80 microcuentos. Pero bueno, ojalá haya tiempo para trabajarlos más.
En el género de poesía, les tengo una sorpresa para el mes que viene. Será de infarto.


¿Puedes adelantarnos algo?


Se trata de un ajuste de cuentas con el verso: re-verso diría yo, es un libro que lo he venido escribiendo paralelamente con Bosque de luciérnagas, creo que vendría a ser su medio hermano, pero aquí voy por otra apuesta gruesa. Se llama: Manuscrito hallado entre unos huesos insepultos mientras los pájaros cantaban entre los sauces y la lluvia mojaba intensamente.

miércoles, 1 de junio de 2011

¿Con el “Chino” hemos topado?

En el último debate de la segunda vuelta, Ollanta descargó toda su artillería contra la “dictadura” fujimorista, gobierno en el que, según él, Keiko sí tuvo arte y parte. Lo hizo con tanto frenesí que su rival, visiblemente irritada, le espetó que si deseaba debatir con Alberto Fujimori y no con ella, mejor cambiase de escenario.
Se dice que si Keiko se sacudiese de una vez por todas de la sombra de su padre, tendría la victoria asegurada. Empero el asunto no es tan sencillo. La candidata de “Fuerza 2011” nunca habría escalado tan alto si no fuese por su apellido. Ser hija del presidente más odiado de la historia la catapultó paradójicamente a los umbrales del palacio de gobierno. Hace 5 años fue la congresista más votada (en esta elección la suerte le tocó a su hermano Kenji). Indicio razonable de que hay gente que rememora el gobierno del “Chino” con nostalgia. Sin embargo, ser la primogénita también podría costarle el sillón presidencial.

Sin duda, durante este tramo de la campaña, Keiko recibió el apoyo cerrado de un gran sector de la prensa nacional (máxime escrita y televisiva). Pero no es menos cierto que con los medios de comunicación locales, como casi todos los de Puno por ejemplo, ocurrió lo contrario. Es decir, ataques virulentos, infundiosos y, sobre todo, mezquinos contra el fujimorismo y lambisconerías superlativas para con Ollanta. Y claro, el centro de las pullas (y las puyas) fue antes que Keiko su pobre viejo, esa plaga nipona alias el “Chino”, y todo lo que significó su reinado, de cuya inminente restauración dios nos libre.
Pero ¿qué pecados vitandos e imperdonables perpetró Alberto Fujimori para merecer tanto encono? ¿Es que tan calamitoso e infame fue su gobierno? ¿Nada en absoluto le debemos los peruanos? Ciertamente no pocos errores debió cometer el “Chino”, tanto así que la candidata de “Fuerza 2011”, abrumada por la culpa (y las encuestas, nada alentadoras), pidió perdón al país (en el nombre del padre, de la hija, etc.)
Dizque Fujimori fue lo peor que le pudo pasar al Perú. Genocida, violador de derechos humanos, golpista, dictatorial, corrupto, ladrón, neoliberal, vendepatria (el orden de los factores no altera el horrendo producto). He ahí algunos adjetivos “inherentes” al gobierno del “Chino”. Motivos más que suficientes para condenarlo al oprobio eterno. ¿Ah sí?
A ver, a ver. Las palabrejas “neoliberal” y “vendepatria” nos remiten a un modelo económico satanizado hasta la nausea por la izquierda: el libre mercado. Recordemos que Fujimori heredó de García una economía en ruinas, aislada e inviable, producto de políticas estatistas y populistas tan caras a los caviares. Urgía pues estabilizarla, introducir en ella reformas estructurales y finalmente reinsertar al país en la comunidad económica internacional. Logros impensables sin el concurso de la “economía social de mercado”, instaurada en la nueva constitución “fujimontesinista”.
¿Y la privatización? ¿Acaso ese “Chino” (con che) no remató a diestra y siniestra nuestras empresas y riquezas? ¿Y qué hay de los miles de peruanos que se quedaron sin chamba? Sucede que las empresas esas, especializadas en bancarrota e infestadas por una burocracia parasitaria y descomunal, eran modelos platónicos de ineficiencia y despilfarro. Había pues que redefinir el sector público: dejar al Estado lo que es del Estado y al mercado lo que es del mercado (aunque no suene muy bonito). Así que la reforma de la constitución, que dio pie a la del 93 (ese pérfido mamarracho), está plenamente justificada. Y no sólo en el capítulo económico.
El mismo Toledo, cuando en el 2000 pretendía suceder a Fujimori, admitía que éste había construido el “primer piso”. Déjeme a mí hacer el segundo, le instaba el “Cholo”. A fin de cuentas, todos los países del primer mundo pertenecen en nuestros días a la liga del libre mercado, el resto (que espanta inversiones a punta de paros, saqueos y chicotes) vegeta aún en la miseria y atrae subdesarrollo a manos llenas. O sea, lo que al ojo zurdo se le antoja un gravísimo cargo resulta en verdad un logro formidable (el obligatorio paso inicial).
“Corrupto” y “ladrón”. Estas imputaciones despiden un tufo mareador de cinismo e hipocresía. Se parte de un supuesto grotesco y falaz, a saber, antes del “fujimorato” el Perú era un fabuloso reino habitado por ángeles, santos y Dalai Lamas de la virtud y la moralidad. Como si la maléfica analogía Estado = botín fuese una innovación fujimorista; como si recién con el “Chino” se hubiese inaugurado la década del saqueo; como si la corrupción no fuese un achaque tenaz de la sociedad peruana. Resulta chocante ver a tantos inquisidores y detractores de Fujimori, que han hecho de la corrupción (al por mayor o al menudeo) su forma de vida, pegarla ahora de moralistas e inmaculadas palomas.
Que Montesinos, el brazo derecho del “Chino”, sea el prototipo del corrupto perulero, nadie lo niega. Que esta marea purulenta haya salpicado al presidente, vale (en todo caso, corresponde a los órganos de justicia demostrar su culpabilidad). Pero, ¡por favor!, la corrupción es una práctica consuetudinaria, un patrimonio nefando de los peruanos, que hasta provoca risa que alguien le haga ascos tan farisaicamente. Montesinos tuvo el desparpajo de documentarla, he ahí la única diferencia. Es decir, nos echó en cara, maldita sea, esa íntima podredumbre que habríamos preferido no ventilar jamás. Bien dicen que los políticos no son ni más ni menos corruptos que las sociedades donde actúan. No seamos tan hipócritas.
“Golpista” y “dictatorial”. ¡Bah! Fujimori disolvió el congreso y dio el llamado autogolpe porque no tenía otra opción. Fue una astuta jugada democrática, sí, genuinamente democrática. La oposición, que contaba con mayoría parlamentaria, pretendía no sólo sabotear su gobierno sino vacarlo sin más ni más, pisoteando así el mandato del pueblo. El “Chino” tenía que desembarazase sí o sí de ese colosal escollo en pro de la democracia. Morir o matar, esa era la cuestión. Además gozaba del apoyo popular, a tal punto que en el 95 fue reelegido en primera vuelta. Ridícula pantomima, quienes le enrostran un presunto autoritarismo, son precisamente los partidarios de un golpista reincidente, “el teniente coronel pasado al retiro Ollanta Humala” (Bayly dixit).
Finalmente es el turno de las acusaciones estrella (ta ta ta taaaaaan): “genocida” y “violador de derechos humanos”. Vamos al grano. La intención oculta de los alharaquientos que las esgrimen es empañar el logro capital de Fujimori: la derrota del terrorismo. El Perú es aun hoy un hervidero de izquierdistas de toda laya. La captura del “legendario” Abimael Guzmán significó para la innumerable caterva de militantes, simpatizantes e hinchas de Sendero, incluso para los abanderados de la izquierda “decente” (que en su fuero interior veían en Guzmán al revolucionario consecuente que la cobardía les impedía emular), una auténtica humillación ideológica.
Verbigracia hay un célebre escritor puneño que habla pestes del “Chino”. Pocos saben que ese plumífero es en realidad un incondicional de su presidente Gonzalo. Y no estamos ante un caso aislado. Los intelectuales (y no sólo intelectuales) que admiran a Sendero se cuentan por centenas, si no por millares. He ahí el porqué de su morbo antifujimorista. Por eso claman venganza. La aniquilación del terrorismo es para ellos sinónimo de “genocidio”. ¿Esperaban acaso que el Estado agitara banderitas blancas o combatiera balas y bombas con besos y abrazos? En verdad, los derechos humanos les importa un rábano (salvo que favorezcan a sus compinches, claro está). ¿Se puede esperar lo contrario de los prosélitos de una pandilla sanguinaria?
No se pretende aquí refutar la totalidad de los cargos endilgados arteramente a Fujimori, tampoco desacreditar los fidedignos. No todas sus acciones son justificables. Si los tribunales lo hallan culpable (en última instancia), tendrá que atenerse a las consecuencias. El “Chino” es sólo un ser humano, no un dechado de perfección ni infalible como el romano pontífice. Por otro lado, sus logros aquí citados son apenas los más representativos. La lista es larguísima. Hoy que está de moda escarnecer su gobierno tan sórdidamente y sin asomo de justicia, es menester reivindicar su obra sin medias tintas y en honor a la verdad.
En su libro titulado “En defensa de Fujimori” (al que este artículo le adeuda ciertas ideas y argumentos), el economista puneño Hugo Zea Barriga se pregunta por qué el presidente que alcanzó los mayores logros de la historia es paradójicamente el más vilipendiado. Quizá tenga que transcurrir mucho tiempo aún para al fin calibrar con justicia el gobierno del “Chino”. “Hasta después de pasado un siglo, era imposible evaluar los logros de la Revolución Francesa”, le dijo Santiago Fujimori a Sally Bowen refiriéndose al lugar de su hermano en la historia del Perú. ¿Es muy descabellada su analogía?
Keiko no tiene por qué avergonzarse de las cosas buenas que nos dejó su padre, antes bien puede defenderlas a todo pulmón. Está en su derecho. El cimiento real de su candidatura (la obra del “Chino”) no ha perdido consistencia. Si la candidata de “Fuerza 2011” se propone corregir los errores del pasado y retomar con ahínco la tarea inconclusa, nuestro porvenir no será tan funesto como ciertos seudoprofetas del humalismo quisieran.









jueves, 12 de mayo de 2011

La fijación humalista



Si para un sector del electorado peruano el escenario “Ollanta – Keiko” resulta una abominable encrucijada (el cáncer y el sida, la horca y la guillotina, Escila y Caribdis, etc.), para los fervientes partidarios del ex comandante se trata más bien de la coronación de una epopeya donde su líder es la encarnación del bien, del redentor. Y, claro, su rival (Keiko) es ni más ni menos la hija del demonio, de un demonio repulsivo llamado Alberto Fujimori. El héroe contra la villana; la izquierda contra la derecha; el pueblo contra el sistema; los buenos contra los malos. A las claras una visión maniquea de la segunda vuelta. La esperanza que los sectores populares de la sierra sur (niveles socioeconómicos bajos o marginales) depositan no digamos en el plan de gobierno sino en la figura de Ollanta (y su promesa de cambio) linda con el mesianismo.
Es probable que en Puno el apoyo a Humala sobrepase con holgura el 60%. Está demás recordar que en las dos últimas elecciones presidenciales obtuvo aquí una votación apabullante. Tanto en el 2006 como ahora el ex comandante personifica para sus seguidores altiplánicos la opción antisistema. Que en esta campaña su discurso (fingido o no) haya virado hacia el centro es un gesto que no fue visto por aquéllos como una traición o simplemente pasó desapercibido. Porque, a lo que parece, del Humala del 2006 casi nada queda en el actual. Los peruanos, reza su propaganda, pueden votar sin miedo, pues su candidatura (ya) no representa una amenaza contra el sistema, ergo el crecimiento económico y el progreso están asegurados. Sin embargo, la fidelidad de sus secuaces (los típicos inconformes) no se alteró lo más mínimo.
Si confrontamos al Humala del 2006, el de polo rojo y resabio marcial, ese outsider radical (tan cercano a Chávez) que se despachaba contra el modelo neoliberal y la globalización, ese antiimperialista que tachaba nuestra constitución vigente de “delincuencial”, si lo confrontamos con el Ollanta actual (hasta el nombre suena paradójicamente inofensivo), el demócrata de finísimos ternos y poses de correcto caballero, veremos que el otrora antisistema no es ni la sombra de ese Ollanta mediático que en el último debate de la primera vuelta leyó de cabo a rabo (y mal) su libreto y que, en medio de los supuestos candidatos de la derecha y a contrapelo de su plan de gobierno, se las dio de (único) abanderado de la economía de libre mercado, ese nacionalista ligth que, ante la reiterada recriminación de sus contrincantes (“salto al vacío”), descartó de modo tajante la posibilidad de cambiar el modelo económico o la constitución.
Ciertamente algunos periodistas, analistas políticos e intelectuales capitalinos (lacayos de la derecha que les dicen) no se tragan el cuento del lobo domesticado (aunque a otros, como Vargas Llosa, no les queda otra alternativa). La “gran transformación” de Ollanta les suena a timo por sus cuatro costados. ¿Que Humala se ha moderado? ¿Cómo explicar entonces que en un mitin realizado en el local de ENAPU haya condenado la “privatización de nuestros puertos”, redondeando su discurso con un elocuente “¡Basta de rematar el país!”? ¿No fue su lista congresal por Lima una plétora de reverendos caviares? ¿Es compatible la versión primigenia de su plan de gobierno (La Gran Transformación) con su pretendida moderación? ¿Acaso no se cuestiona allí el modelo económico “neoliberal predatorio” y se propugna más bien una “economía nacional de mercado”? ¿Y por qué se insiste en una “nueva constitución”?
Hoy, a pocas semanas de la segunda vuelta, Ollanta ha redoblado sus afanes de mesura y apertura política. Por ejemplo, consintió que decenas de técnicos e intelectuales de la derecha (y otras layas) se suban al carro nacionalista. Ha llegado pues la hora del consenso. Ahora que esos últimos pasajeros han “perfeccionado” el plan de gobierno, ¿qué habrá sido de las propuestas más anheladas por la gente de a pie y la caviarada, esto es, cambiar el modelo económico y la constitución? Si el “nuevo” plan fuese coherente con el Humala mediático, hay que admitirlo, el futuro del Perú no estaría en riesgo, la disyuntiva de la segunda vuelta (cáncer o sida) sería una mera impostura y el miedo, completamente infundado. Seamos optimistas por un momento y recordemos que el ex comandante rompió con Chávez y puso al Brasil de Lula como ejemplo de país exitoso (amen de suscribir el Acuerdo Nacional). Empero hay quienes no le creen ni de vainas. Y quizá no les falte razón, porque esos alardes democráticos podrían resultar a la postre simples estratagemas para engatusar a los escépticos, capturar el poder y ensayar por enésima vez esperpentos estatistas o colectivistas.
Quienes también descreen (o al menos hacen caso omiso) de la presunta moderación son sus adeptos más fervorosos, los inconformistas de la sierra sur. Sobre todo esos inciertos ciudadanos que sufren una pobreza a prueba de chorreos, bonanzas macroeconómicas y milagros peruanos; miseria material permeable a izquierdismos, indigenismos, tercermundismos y otras miserias ideológicas. ¿Que Humala ya no es el mismo? Qué va. Estos esperanzados humalistas se empeñan en equiparar al ex comandante a una especie de salvador/justiciero/vengador que los redimirá de sus padecimientos económicos e implantará por fin el tan anhelado “cambio”. He ahí la palabra mágica. Si antaño fue “cambio 90” hoy es “cambio 2011”. La fe mueve montañas. Montañas de gente pobre y marginal. “Nunca tuvimos la oportunidad / Ahora tenemos, ídem” es, cómo no, el grito de lucha, de su lucha final. El novísimo Ollanta, el nacionalista ligth, es invisible a los ojos de la masa. El imaginario popular padece una fijación en el Humala de hace cinco (o más) años: el etnocacerista, el radical, el antisistema, el antiimperialista, el enemigo del neoliberalismo y la globalización, en suma, el mesías desquiciado que al parecer ya no existe.
Pobre no es necesariamente lo mismo que progre. Empero la insatisfacción social (tan cara a la candidatura de Ollanta) es el caldo de cultivo de la archisabida prédica de los caviares. Nadie mejor que ellos si de politizar la emoción de la masa se trata. De esta manera ciertas demandas populares coinciden mal que bien con las de aquellos. Abolir de un plumazo la constitución (hecha a la medida del peor gobierno de la historia: dictatorial, corrupto, vendepatria, etc.); mandar a la porra el modelo económico (esa perversa fábrica de desigualdad social, miseria, desempleo, hambre, etc. llamado neoliberalismo); detener las privatizaciones (no al saqueo de nuestras riquezas, basta de rematar el país, fuera empresas transnacionales, etc.). En fin, majaderías por donde se las mire. Ahora que los progres la echan de nacionalistas, ese será el plan mínimo que esgrimirán si su candidato accede a la presidencia. Y, por supuesto, serán secundados de manera unánime por las bases humalistas.
Si Ollanta, una vez electo, quisiera en verdad seguir los pasos de Lula, debería suscribir sin ambages esta categórica declaración que lanzó el ex presidente de Brasil en el 2003: “Estoy cansado de que los presidentes latinoamericanos sigan echándole todas las culpas de las desgracias del Tercer Mundo al imperialismo. Eso es una bobería”. Es más, tendría que establecer un gobierno democrático, defensor de la empresa privada, el libre mercado y la inversión extranjera. Implementar una política fiscal responsable y mantener una relación cordial con el Fondo Monetario Internacional. Y, claro, promover políticas distributivas a favor de los pobres sin caer en demagogia. Quia. Sus electores, decepcionados e iracundos, pondrían el grito en el cielo. Las revueltas sociales (atizadas por la caviarada) estallarían en todos los rincones del país (máxime en el bravo sur). La ingobernabilidad sería el precio de la defraudación. Huelga decir que si el ex comandante diera marcha atrás o hiciese suyo el susodicho plan mínimo de buenas a primeras, aquí sería Troya.
Aunque comprensible, dada la marginalidad secular del llamado Perú profundo, la fijación humalista no deja de ser un funesto rezago tercermundista. Su trasfondo es un prejuicio colectivo caro a los peruanos: culpar a otros de nuestras desdichas, frustraciones e ineptitudes históricas. Y sus exponentes son, qué duda cabe, los adeptos más fieles de Humala. ¿Entenderán algún día que sólo gracias a la actual constitución (que prescribe una economía social de mercado) el país se recuperó de la bancarrota y alcanzó un notable crecimiento económico, y que por ende sería un dislate mayor (ni más ni menos un suicidio nacional) cambiarla por otra de corte estatista, populista o colectivista? ¿Se percatarán por ventura de que hoy por hoy los países más exitosos del planeta son (lo dice Andrés Oppenheimer) aquellos que, aprovechando la globalización, atraen inversiones y exportan bienes y servicios de mayor valor agregado? ¿Cuándo comprenderán que en el siglo XXI esa es la única forma, acreditada por la realidad, de combatir la pobreza y salir del subdesarrollo? ¡Quién sabe, señor!