domingo, 1 de enero de 2012

RECUENTO LITERARIO DEL 2011. GLORIAS Y MISERIAS DE LAS LETRAS PUNEÑAS*


Walter Bedregal, Darwin Bedoya, Luis Pacho, Javier Núñez y Agustín Quispe en Arequipa

En el 2011, a diferencia del pírrico papel que hicieron nuestras autoridades políticas -en el congreso, la región y los municipios-, a los escritores altiplánicos no les fue tan mal. Hubo, cuándo no, algunos -entre tíos y jovenzuelos- que brillaron no por sus libros, sus lauros o su activismo cultural, sino por su ausencia. Diríamos de éstos que son los dignos émulos del gobierno regional o la bancada puneña, dada su ostensible incapacidad o su productividad nula; sin embargo, en el mundo de las letras el silencio es mil veces preferible a los mamarrachos innombrables que ciertos pillos quieren hacer pasar por “literatura” (el año pasado hubo uno dos -minoría absoluta- que lo intentaron), por lo que muchas veces la improductividad resulta en verdad una bendición.
La obtención de galardones de valía nacional y la publicación de poemarios “hito” son los sucesos literarios más resaltantes, aunque no los únicos, del año que se fue. Pero como no todo es perfecto, alguien por ahí perpetró un mamotreto y, por si fuera poco, protagonizó un papelón digno de cómico ambulante.

Los premios: Tres fueron los escritores -relativamente jóvenes- que el pasado año conquistaron para Puno sendos premios nacionales. En el XX Concurso Nacional de Educación Horacio 2011, convocado por la Derrama Magisterial y dirigido a maestros del sector público, el poeta y narrador Darwin Bedoya ocupó el primer lugar en la categoría de Cuento, con su libro “Bosque de luciérnagas”. Por su parte, en el mismo certamen, el poeta Agustín Quispe se hizo del primer puesto en la modalidad de Poesía, con su obra “Herbaje”. Finalmente, el narrador Javier Núñez, con su novela “Vírgenes y herejes”, se impuso en el Premio Nacional de Novela Corta “Ciudad Incontrastable” 2011, organizado por la municipalidad provincial de Huancayo y Bisagra Editores.

Los libros: El 2011 fue, sin duda, el año de la poesía, pues son varios los poemarios de valía que salieron a luz. Uno de ellos es "Gamaliel y el oráculo del agua" (PetroPerú Ediciones, Lima), libro con el que el poeta Boris Espezúa obtuvo, en el 2009, el premio Copé de Oro. No menos importantes son “Estigmas” (Cascahuesos, Arequipa) y “Pájaros al viento” (Qhala, Puno) de Filonilo Catalina y “Espíritu del alba” (Hijos de la lluvia, Juliaca) de Simón Rodríguez. Menos afortunado que los anteriores es “Relámpagos del agua” (Hijos de la lluvia, Juliaca), la opera prima de Víctor Villegas. Por último, hay que mencionar a dos poetas todavía en ciernes -menores de 25 años- que también se atrevieron a publicar sus respectivos libritos: Alexander Hilasaca con “13 lascivas perversiones” (Checca, Puno) y Ronald Chuquija con “Silencios” (Galerías del alma, Puno).
Mención aparte merecen la soberbia antología “Hijos de puta (15 poetas latinoamericanos)” (Hijos de la lluvia, Juliaca) de Darwin Bedoya y la reedición del clásico “5 metros de poemas” (Qhala, Puno) de Carlos Oquendo de Amat, a cargo de José Luis Velásquez.
En narrativa destacan nítidamente, aunque no se difundieron en Puno, el cuentario “Bosque de luciérnagas” (Derrama Magisterial, Lima) de Darwin Bedoya y la novela “Vírgenes y herejes” (Bisagra, Huancayo) de Javier Núñez.
En el campo de los estudios literarios y lingüísticos figuran “Todas las sangres en debate: Científicos sociales versus críticos literarios” (Magreb, Lima) del crítico Dorian Espezúa (obra que tampoco circuló en la región) y “El discurso argumentado. Un enfoque lógico, normativo, dialectico, retórico y comunicativo” (DREP, Puno) del doctor Walter Paz.

La editorial: En este rubro, por walkover, el Grupo Editorial Hijos de la Lluvia (Juliaca), dirigido por Walter Bedregal, se lleva las palmas. Su mérito es haber publicado al menos la mitad de los innumerables títulos que anunció con toda pompa para el 2011. Qhala Editores (Puno), fundado por José Luis Velásquez, resultó -al parecer- una aventura efímera.

El personaje: El año pasado la tragedia del anciano poeta Efraín Miranda, quien sobrevive abandonado y lidiando con sus fantasmas en una casona ruinosa de la ciudad blanca, conmovió a unas cuantas almas ligadas a la cultura. Sendas notas y crónicas de Omar Aramayo, José Luis Velásquez y Javier Nuñez -que lo visitaron con ocasión de la FIL Arequipa 2011- denunciaron esta afrenta inmensurable a la poesía puneña. La intención era organizar siquiera una pollada en pro del autor de “Choza”; pero en Puno -por más que autoridades, políticos y demás farsantes, en el colmo del cinismo y la ignorancia, siguen mascullando eso de “tierra de artistas y poetas”- nada se concretó (a no ser que los hipotéticos benefactores hayan actuado con la más absoluta reserva).

El evento: El evento del año fue, sin lugar a dudas, el VIII Congreso Nacional Linguítico -Literario y I Internacional “Gamaliel Churata”, organizado por los alumnos de Educación (Especialidad de Lengua, Literatura, Psicología y Filosofía) de la Universidad Nacional del Altiplano. Dicho congreso se realizó en la ciudad de Puno, del 24 al 29 de octubre, y contó con la presencia de destacados escritores nacionales como Oswaldo Reinoso, Cronwell Jara, Oscar Colchado, etc. Cabe felicitar efusivamente a los estudiantes Mario Tinta, Verónica Ancco y Zico Rodríguez, sus principales propulsores.

Las revistas: Son tres las publicaciones de este tipo que, en su número inicial, circularon en Puno. “Mar del Sur”, bajo la dirección de los escritores Jorge Flórez y Luis Gallegos; “Letras del Lago”, dirigida por los poetas Luis Pacho y Víctor Villegas, y “Debonsái”, a cargo de los literatos Javier Núñez y Vicente Ytusaca. Ninguna de estas revistas pasó de la primera entrega. Tratándose de “Letras del Lago” la demora es entendible pues se lanzó recién a fin de año; en el caso de las restantes todo indica que debutaron y se despidieron.

El mamotreto: “¡Mata a esa chola de la waraca! ¡Mata a esa chola, carajo! Huelga antiminera de los aymaras en el Perú” (Arteidea, Lima) es el kilométrico membrete del mamotreto antiminero publicado el pasado año por el señor José Luis Ayala. Se trata ni más ni menos de una férrea defensa de los actos de salvajismo y barbarie cometidos, a nombre de los aymaras, por un tal Aduviri y sus compinches durante su huelga contra la minería formal en la región Puno. En el colmo de la desvergüenza el autor de “Mata a esa chola, etc.” llega a parangonar al cabecilla de los revoltosos con Túpac Amaru, Túpac Katari y otros héroes de la historia.

El papelón: El papelón del año ocurrió durante el VIII Congreso Nacional Linguítico -Literario y I Internacional “Gamaliel Churata” y lo protagonizó, otra vez, el señor Ayala. Varios estudiantes se le acercaron para pedirle un autógrafo. Ayala, muy orondo él, firmó uno, dos, ...cuatro ejemplares. Cuando se disponía a estampar su garabato en el quinto, se percató de que la obra no era suya sino de Oswaldo Reinoso quien hacía lo propio más allá. Resulta que los cándidos mozalbetes confundieron las canas y la barriga de Ayala con las del creador de “Los inocentes”. Huelga decir que el roche fue monumental.

En fin, hechas las sumas y las restas, el balance de las glorias y miserias de la literatura puneña en el 2011 es felizmente positivo.

* Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 01/01/2012.




jueves, 15 de diciembre de 2011

Los españoles no nos conquistaron, nos crearon*



Hoy por hoy pululan en la región ciertos intelectuales y dirigentes dizque “originarios” que, muy campantes, proponen “desoccidentalizar” o “descolonizar” el mundo andino; escarbar con uñas y dientes en pos de nuestras “verdaderas” raíces; preservar la “pureza” de las nacionalidades quechuaimaras y -los más levantiscos e intonsos- (re)fundar el Tahuantinsuyo o, a lo mejor, la república aimara so pretexto de la libre determinación de los pueblos. (Amparándose en estos dislates, algunos Atilas del altiplano hasta se dan el lujo de sitiar, quemar y saquear Puno.) Para ellos el único pilar de nuestra identidad es, qué duda cabe, la tradición andina. Si les preguntásemos: ¿qué hay del mestizaje? o ¿nada le debemos a España?, con indignación visceral y, cómo no, “originaria”, sacarían a colación la “leyenda negra” de la conquista española y sus “5 siglos de resistencia”. ¿Alguien dijo resentimiento?


Definitivamente a ellos no les recomendamos leer Quinientos años de mestizaje. Conquistadores y conquistados (2da edición, Legisprudencia, Arequipa, 2011) del doctor Juan Carlos Valdivia Cano. No se atrevan, les provocará no un dolor de cabeza sino un cólico biliar o, quién sabe, un derrame cerebral. Están advertidos. ¿Pero de qué trata este libro? Roger Vilca Apaza, su joven editor, responde: “Pues de lo que siempre hemos evadido y ante lo cual, a lo mucho, encogemos los hombros: de la contextura ética peruana; el resentimiento aquí, allá y más allá. La excusa es perfecta y no hay otra mejor: el ‘recuerdo’ de la conquista española que no queremos revisar, no tanto por evitar la fatiga, en tanto por el miedo a reconocer que no fuimos conquistados, sino, creados por un puñado de ‘hombres malditos’, cuyos valores, nobleza y cojones no tenemos (nunca tuvimos) y ya quisiéramos tener…”


Juan Carlos Valdivia es un abogado arequipeño que por azares de la vida nació en la provincia puneña de Azángaro. Estudió derecho en la UCSM y filosofía en la UNSA, casas de las cuales ahora es catedrático. Durante su estadía en Francia fue auditor de Gillez Deleuze, Michel Foucault y Robert Paris. Obtuvo importantes premios en el extranjero y publicó numerosos libros.


Aunque la primera edición de Quinientos años de mestizaje salió a luz en 1992, cuando se conmemoró precisamente 500 años de la conquista y colonización de América, sus planteamientos no han perdido vigencia. Según Juan Carlos Valdivia, los peruanos no somos conquistados ni conquistadores, ni españoles ni incas, sino herederos con propia identidad, producto del “connubio” hispano-indígena. Antes de ese hecho nuestro país y lo peruano simplemente no existían. Y es que el Perú no es sinónimo de Tahuantinsuyo, sostiene.


“Siendo el Perú -señala el autor- un producto de la conquista, y habiendo impuesto el conquistador su religión, su moral, su lengua, su estructura mental, sus costumbres, sus productos, su derecho, etc., nuestro mestizaje no puede ser sino predominantemente hispano u occidental, justamente por la religión (católica), la moral (cristiana), la lengua (europea), la estructura mental (greco-latina), el derecho (romano), que son variables decisivas, ingredientes esenciales, para determinar la pertenencia o no pertenencia cultural. La sangre y la etnia no son criterios culturales, aunque sean inseparables de ellos. Son irrelevantes para definir a qué cultura pertenece un individuo o comunidad, es decir, para determinar su identidad. Es un criterio racista. Lo que importa es el espíritu, es decir, la cultura en acción”.


Así pues, para Juan Carlos Valdivia, ese resentimiento antihispano y antioccidental (el “trauma de la conquista”) que consiste en identificarse exclusivamente con los conquistados abominando de los conquistadores (lo que no excluye un obscuro sentimiento de admiración por estos últimos), amen de denotar una actitud no precisamente andina sino occidental (dualismo, piedad cristiana), hace que el odio regrese mismo boomerang al propio interior del alma, trocándose para el resentido en veneno letal.


Finalmente, como dice el joven editor de Quinientos años de mestizaje, “quedan pues, amables lectores, cordialmente invitados a no leerlo”.

*Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 14/12/2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

LETRAS (Y LENTEJAS) DEL LAGO



Letras del Lago. Literatura y otras heterodoxias (Puno, Año 10 - Nº 16 / Noviembre de 2011) es la nueva revista que los poetas puneños Luis Pacho y Víctor Villegas han lanzado al mercado cultural del altiplano. Letras del Lago (LL) es la continuación de Pez de Oro -revista literaria ya extinta- pero en un formato más ligero y, al menos en su número inaugural, con una carga ideológica tan explícita como abrumadora.
Desde ya aplaudimos la aparición de LL y le auguramos una larga vida, teniendo en cuenta que sus pares, si existen, prefiguran apenas un ralo herbaje que no promete flor alguna. Sin embargo, aclaramos que no compartimos su sesgo político. Antes bien, estamos en las antípodas. A continuación, exponemos sumariamente y con afán polémico nuestros principales reparos.


¿Heterodoxia? “Literatura y otras heterodoxias” es el subtítulo de LL. Su discurso debería ser entonces heterodoxo, es decir, a contracorriente de un dogma dominante. Veamos. En la página editorial (“Las letras en la hora de la des-globalización”), Pacho y Villegas arremeten contra el sistema, la ideología dominante-mercantilista [sic], el gran capital transnacional, las democracias liberales, la globalización, etc. El gran monstruo es el capitalismo, qué duda puede caber… ¿Será heterodoxo ese “pensamiento” en una región como Puno donde el 99.9 % de “intelectuales” (y no solo ellos) leen y escriben de izquierda a izquierda? Bah. Es más de lo mismo: archisabida monserga, dogma dominante, ortodoxia pura. En el altiplano toparse con un escritor que no sea “zurdo” es como hallar al unicornio azul.
Hay en el referido texto otra afirmación, por decir lo menos, sorprendente: “En el Perú, desde la década del 90 del siglo pasado, hemos vivido la época del latrocinio de nuestros recursos naturales, de la antipolítica y el terror con Fujimori y Montesinos”. (Soslayemos, por fútiles, los cuentos esos del “saqueo” y la “despolitización”). ¿Que la época del terror es culpa del ingeniero Fujimori? ¿Acaso Abimael Guzmán y su banda terrorista nada tienen que ver en el sanguinario asunto? ¿O es que Pacho y Villegas creen que nuestro ex presidente es un genocida y el cabecilla de Sendero un “genio del proletariado”?


El dinosaurio sigue ahí. LL acoge también un artículo de Juan Cristobal, “Arguedas y la situación política actual”, al parecer escrito a vuelapluma y muy soporífero para su corta extensión. La conclusión del poeta capitalino resulta, en verdad, un chiste anacrónico: “Creemos que la sociedad en su conjunto ya no puede seguir soportando todo este clima de injusticia... Debemos dar un gran salto y es a ese mundo que Mariátegui y Vallejo llamaron ‘socialista’. O ‘socialismo mágico’, como lo llamó Arguedas. Mundo que no se sabe por qué misteriosas razones se oculta”. Vaya descubrimiento, señor Juan Cristobal “Colón”; aunque le falta precisar cuál es la vía para dar ese “gran salto” a su edén socialista. Ya el “presidente” Gonzalo intentó hacerlo y por poco no se desbarranca con el Perú a cuestas. No es tan sencillo como brincar la tablita, créalo. Por otro lado, ¿a quién le interesa “ocultar” ese mundo colectivista que, gracias a sus fallas e imperfecciones congénitas, demostró su inviabilidad en la práctica (Rusia, China, Cuba, etc.), sino a los propios socialistas? A sus críticos, antes que esconderlo, nos conviene desnudarlo.
En LL hay asimismo una extensa entrevista al escritor Chano Padilla en torno a su itinerario vital, literario y, cómo no, político. “¿Considera que el socialismo es todavía la alternativa?”, le preguntan. “Es una alternativa, no sé si con otro discurso, no puedo decir si con otras estrategias, sin renunciar a sus ideales de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la humanidad. Y la tendencia es esa. Veamos lo que pasa en América Latina. Los presidentes de los países son ‘socialistas’…”, responde el narrador puneño-abanquino. Por lo visto Chano cree que esos dichosos “ideales de mejorar la vida y el trabajo de la humanidad” son privativos del socialismo. ¿Ah sí? Los hechos no respaldan su lirismo, estimado profesor. El mejor mecanismo, si no el único, para producir riqueza y progreso es el libre mercado (praxis dixit). Los países del primer mundo están en esa onda, el resto -que ensaya modelos colectivistas, estatistas o populistas- naufraga aún en el subdesarrollo. Es más, como dice Andrés Oppenheimer, en el siglo XXI que un gobierno sea comunista, socialista, progresista, capitalista o supercapitalista importa un bledo, pues las alternativas son solo dos: crecer atrayendo más inversiones y exportando productos de mayor valor agregado, o seguir culpando a otros por la pobreza a fin de justificar desaciertos propios.


Mao y la “terruca”. Ojeando las últimas páginas de LL el lector tropieza con el poema “Mucho Tiempo Después Querido Mao Zedong”, de la señora Gloria Mendoza Borda. A decir verdad, algunos de sus versos son dignos de tirarlos por la borda. Helos aquí: “importa que se reafirme/ el nombre de Edith Lagos/ importa que se reafirme/ el nombre de Micaela Bastidas/ importa que se reafirme/ el nombre de Bartolina Sisa/ importa que se reafirme/ el nombre de Rita Puma / las legendarias”. No faltaba más. ¡La “terruca” Lagos encabezando una lista de auténticas heroínas! En fin, si la oda está dedicada a Mao, la tercera espada, otra cosa no se podía esperar.


La docta ignorancia. Finalmente LL publica un “Pronunciamiento de los escritores de Puno frente al último paro aymara” (27/05/11). En él se habla de bucólicos pueblos amenazados por el gobierno, y -por supuesto- se rechaza toda concesión minera, petrolífera o cualquier actividad extractiva permitida a las transnacionales porque resulta que la pachamama es sagrada. Definitivamente, para los suscriptores, el motor del desarrollo peruano no es la minería. Estos escribidores parecen ignorar que el progreso económico, científico y tecnológico del mundo actual sería impensable sin ella. Sus doctos cerebros no pueden asimilar que hoy por hoy prescindir de los minerales y los hidrocarburos significaría involucionar al paleolítico. ¿Será que nunca tuvieron su edad de oro?


Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 02/12/2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

Javier Núñez, Premio Nacional de Novela 2011 CONFESIONES DE UN HEREJE*



El 25 de octubre Bisagra Editores oficializó los resultados del Premio Nacional de Novela Corta “Ciudad Incontrastable” 2011 que dieron por ganador al escritor puneño Javier Núñez, con su novela “Vírgenes y herejes”. La premiación se realizará esta semana en Huancayo. En esta entrevista, Núñez cuenta cómo recibió la noticia del galardón, habla de su obra ganadora y anuncia la inminente publicación de otra novela suya, basada en la muerte de Ciro Castillo.
LA NOTICIA. ¿Cómo recibiste la noticia del premio?
El viernes 21 de octubre, por la tarde, mi celular sonó y no pude creer lo que me estaban diciendo. “¿Señor Javier Núñez?”, preguntó una voz. “Sí”, contesté seguro de mí mismo. “Le estamos llamando desde Huancayo…” Cuando escuché esa palabra mágica (Huancayo) hice una asociación rápida con el concurso de novela. “Los jurados acaban de dar el fallo… Su novela “Vírgenes y herejes” ganó el concurso…” No supe cómo reaccionar. Me sentí confundido, inmóvil…
¿No te alegraste?
Las llamadas que te informan que has ganado un premio son únicas, memorables. Las sensaciones que experimentas mientras te están hablando desde el otro lado del teléfono son misteriosas, inexplicables, son momentos de felicidad absoluta… Quise saltar de alegría o lanzarme al lago de emoción…
Y después a celebrar con los amigos…
Claro, quise compartir la noticia con los amigos más cercanos. Los llamé y celebramos con un brindis. Aún no podía creerlo, parecía un sueño. Temí despertarme en cualquier momento y romper la felicidad…
LA ESPERA. Luego ocurrió algo curioso, Correo lanzó la primicia el domingo 23 de octubre pero los organizadores no confirmaban aún los resultados… En Puno se pensó incluso que era broma. ¿Llegaste a dudar del premio?
Confieso que empecé a dudar. Es que el lunes aún no había resultados oficiales. A cada hora visitaba la web de Bisagra Editores y no se mencionaba nada con respecto al premio. Entonces pensé que era una broma.
Algo así le pasó a un famoso escritor italiano…
Ah, Alberto Moravia. Lo llamaron por teléfono diciendo que había ganado el Premio Nobel. Como es de esperar, el autor de “La romana” lo celebró a lo grande, inclusive hizo declaraciones a la prensa. Pero más tarde se enteró de que era una broma de mal gusto…
Pero felizmente en tu caso el anuncio se oficializó…
Sí, el martes 25 de octubre volví a revisar la web de Bisagra Editores, ya con pocas esperanzas. Vi mi nombre y me emocioné como la primera vez. No supe a quién llamar ni qué hacer. Les confirmé la noticia a los amigos. Ahora sí, el premio era mío y no estaba soñando…
LA NOVELA. ¿Cuánto tiempo te demandó escribir “Vírgenes y herejes”?
Esta novela la escribí durante el 2008, con una disciplina eclesiástica. Pero mucho antes estuve madurando la idea primigenia. La primera versión estaba narrada en varios planos. Eran dos novelas en un solo libro. Luego me di cuenta de que era necesario ajustar la historia. Muchos planos estaban sueltos; no había una cohesión perfecta entre sus partes.
¿Entonces la tuviste que reescribir?
En realidad, el 2009 la novela, como quien dice, descansó; no la toque para nada. El 2010 me tomé el tiempo para reescribirla. Taché todo lo que estaba demás. De 300 páginas me quedé con 200. Borré varios capítulos y añadí uno nuevo. De hecho, varios títulos desfilaron por la portada de la novela. El 2011 la corregí varias veces antes de enviarla al concurso.
¿Cómo está narrada la novela?
En la novela experimento varios tipos de técnicas narrativas habidas y por haber. Algunas son invenciones mías…
¿Hay un eje temático?
Con relación al tratamiento temático, quise que sea una novela total. Por poner un ejemplo, los temas que se abordan son: conflicto social en el país, conspiración, mito, leyenda, tradición, exotismo, fantasía, ciencia, masonería, civilizaciones legendarias, amor, sexo, aventura, venganza, muerte, etc.
A grosso modo, ¿de qué trata “Vírgenes y herejes”?
La historia se centra en Christopher de la Riva, aspirante a escritor, quien emprende una búsqueda obsesiva de un libro censurado, prohibido para católicos, y cuyos ejemplares fueron destruidos. Solo se conserva uno. El libro narra la historia de tres sujetos sacrofílicos que boicotearon en dos ocasiones una fiesta patronal en Puno (el 2 de febrero), profanaron iglesias, vírgenes y santos, torturaron a los curas, etc.
EL ANUNCIO. ¿Estás trabajando en algún otro libro?
Estoy dando los últimos retoques a una novela basada en Ciro y Rosario. Es una historia que combina ficción y realidad... Muy pronto circulará en las librerías.


* Entrevista publicada en el diario Correo (Puno), 17/11/2011.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Por qué Sendero Luminoso fracasó en el altiplano?*



Conflicto interno/ escuela y maestro en el altiplano puneño (1980 – 1990) (Qhala editores, Puno, 2011) es un folleto que forma parte del informe (documento de trabajo) que el escritor José Luis Velásquez Garambel (Puno, 1980) presentó hace algunos años a la Comisión Internacional de Derechos Humanos y la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional, en calidad de miembro “voluntario” del Grupo de Trabajo Región Sur Andina cuya labor consistió en visitar el penal de Yanamayo y entrevistar a algunos miembros de Sendero Luminoso para luego transcribir los audios.


En Conflicto interno, escuela y maestro en el altiplano puneño, Velásquez Garambel pretende esclarecer las razones del fracaso total de Sendero Luminoso en Puno. ¿Qué motivó el aislamiento social y la derrota política de este grupo terrorista en el altiplano? ¿Cómo se produjo en el campesino puneño ese tránsito de la aparente simpatía inicial a la resistencia y posterior repudio del PCP SL?


Según Velásquez Garambel, Sendero se enfrentó en Puno -en su afán de convertirlo en el “segundo Ayacucho” y a diferencia de lo que ocurrió en otras regiones- a distintos actores como organizaciones campesinas (Federación Departamental de Campesinos de Puno - FDCP), partidos políticos (PUM, IU, Patria Roja, APRA, etc.), Iglesia Católica del Sur Andino (Vicarías de Solidaridad), Policía Nacional y Fuerzas Armadas.


Dice el autor que el llamado conflicto interno se entrecruzó en el altiplano con los viejos conflictos por la tierra y el acceso a la escuela, los rezagos terratenientes y la desigualdad social y étnica. “El proceso del conflicto armado interno en el norte del departamento de Puno,…predominantemente quechua, estuvo vinculado a la crisis del sistema asociativo creado por la reforma agraria y a la lucha por la reestructuración democrática de la propiedad de la tierra, además de las formas de exclusión implantadas desde la ‘escuela’…”, sostiene Velásquez Garambel. En la zona sur, en cambio, el grupo terrorista nunca fue capaz de lograr el apoyo de los aimaras, aun cuando constituyó sus tres primeras células en Juli. Esto porque allí la presencia de las empresas asociativas (instauradas por el velascato) no fue significativa.


Según el autor Sendero pretendió arrogarse el liderazgo en el proceso de “recuperación de las tierras” emprendido en 1987 por la FDCP, organización campesina que jugó un papel crucial en la lucha contra el grupo subversivo, pues, a diferencia de éste, que proponía recobrar la tierra con las armas, optaba más bien por reestructurar democráticamente la propiedad de la misma. El gran fracaso PCP SL, arguye Velásquez Garambel, radica en su incapacidad de convencer a los campesinos puneños, pues por más que intentó captar mandos o cuadros entre quechuas y aimaras, éstos rechazaron tajantemente los métodos violentos y de terror para alcanzar la reestructuración de la tierra.


El autor agrega que Sendero logró reclutar a sus primeros militantes entre los maestros, el Frente de Organizaciones Populares, los Institutos Superiores Pedagógicos y el Frente Estudiantil Revolucionario de la Universidad Nacional del Altiplano, es decir, los sectores indígenas más vulnerados que habían logrado acceder a las instituciones superiores de enseñanza.


En la última parte del libro, Velásquez Garambel relata la conmovedora historia de Porfirio Suni Quispe, maestro rural que lideró la Federación Unitaria de Campesinos de Aricoma (FUCA), ente que promovió la reestructuración de la SAIS “Aricoma”. Inicialmente Suni Quispe fue acusado por dicha empresa de agitador y aliado del terrorismo, por lo que en 1988 sufrió detención y tortura policial. Una vez liberado, gracias a la presión de diversas instituciones, fue elegido diputado por Izquierda Unida, cargo desde el cual apoyó la conformación de Rondas Campesinas a fin de contrarrestar la violencia senderista, motivo por el cual, en 1991, un comando de aniquilamiento del PCP SL lo asesinó en Juliaca.


*Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 09/10/11

viernes, 5 de agosto de 2011

¿HOMENAJE A JOSÉ MARÍA ARGUEDAS O PARANOIA ARGUEDIANA?

Mar del Sur es otra revista literaria cuyo número inicial se lanzó este año en Puno. Bajo la dirección del escritor Jorge Flórez Áybar y la edición del narrador Luis Gallegos Arreola, esta publicación pretende homenajear al escritor peruano José María Arguedas -de cuyo nacimiento se recuerda este año el centenario- aunándose a las voces que critican la decisión gubernamental de conmemorar oficialmente el descubrimiento de Machupicchu dejando de lado al creador de Todas las sangres.
Si bien es necesario felicitar cualquier iniciativa cultural, más todavía si se trata de publicaciones literarias, no se puede soslayar algunos despropósitos en los que incurre la mencionada revista so pretexto de reivindicar a su autor predilecto.
Mar del Sur contiene, entre otras cosas, dos artículos sobre Arguedas: uno de ellos, firmado por Flórez Áybar, titula ¿Arguedas o Vargas Llosa? Deslindes y perspectivas, mientras que el otro, escrito por José Luis Ayala, trata de la Capacidad creadora del pueblo (en alusión a un ensayo folklórico de Arguedas). Ambos articulistas se empeñan en forzar una confrontación raigal e inconciliable entre el Nóbel y el autor de Los ríos profundos, pues, para ellos, el primero (MVLL) representa a la cultura “occidental” y el segundo (JMA) a la cultura “andina”.
Así, Flórez Áybar quiere hacer creer que MVLL envidió siempre a JMA. La prueba de ello sería La utopía arcaica (1996), libro en el que el Nóbel pretendería, según Flórez, desacreditar la obra arguediana borrando a su autor de un plumazo del mapa literario. Por su parte, José Luis Ayala suscribe de pe a pa este “argumento”. A decir de él, JMA es una eterna víctima de los poderes oficiales -a diferencia de MVLL- , alguien que fue maltratado en vida (como Vallejo, Oquendo, Churata, etc.) y más todavía una vez muerto: ¿acaso el gobierno no se negó a consagrar el 2011 como el año de su centenario?
En el fondo, el pecado capital que Flórez y Ayala no le perdonan al Nóbel es que éste, a inicios de los setenta, se haya sacudido del izquierdismo para, con él tiempo, defender y difundir el liberalismo (aunque su reciente apoyo a Humala haya dejado mucho que desear). El recurso retórico que los articulistas en mención emplean para, a nombre de los andinos y Arguedas, arremeter contra los occidentales y Vargas Llosa es el archisabido “victimismo”. Ay, Occidente desea liquidar nuestras raíces andinas; están destruyendo nuestra identidad; quieren borrar nuestra cultura; nos están arrinconando, silenciando, aplastando…y así hasta la náusea. Olvidan adrede que esta burda dicotomía le hace mucho daño al país y a la literatura, más aún cuando hoy es impensable concebir lo andino sin lo occidental.
Tan absurdo es el dualismo Arguedas/Vargas Llosa que en las páginas de la propia revista -y por boca del mismísimo autor de Yawar fiesta- halla su refutación. Pues, de acuerdo a una entrevista que Tomás Escajadillo le hizo a Arguedas (incluida en Mar del Sur), éste consideraba a Vargas Llosa, ni más ni menos, en el grupo de los “grandes” escritores.

* Reseña publicada en el diario Correo (Puno), 22/07/2011.

jueves, 28 de julio de 2011

LA GENERACIÓN PERDIDA

¿Por qué los literatos peruanos prefieren escribir poemas antes que novelas?, le habrían preguntado cierta vez a Mario Vargas Llosa. Porque son unos flojos, habría sido su respuesta. Si la opinión del Nóbel fuese cierta, nuestra región sería la capital del ocio. Y es que de cada diez escribientes altiplánicos, nueve por lo menos emborronan versos. No en balde se dice que en Puno todos son poetas mientras no demuestren lo contrario.
Así, la literatura puneña está copada, si no infestada, de rapsodas. A tal punto que fue necesario “importar” un narrador nato desde Abancay -Feliciano Padilla- para que el nombre de Puno figure mal que bien en los premios Copé y las antologías del cuento peruano. Claro que después emergerían del lago otros cuentistas de valía como Elard Serruto, Adrián Cáceres, Christian Reinoso, Javier Núñez, etc. Tarde nos enteraríamos que un tal Carlos Calderón Fajardo, narrador de talla internacional, había nacido en Juliaca.
En poesía, como ya se dijo, nos sobran los nombres y los versos. De buenas a primeras esta inflación poemática parecería un motivo más para ensalzar a la ciudad del lago. Pero si apartáramos la maleza del jardín, quedarían a lo mucho una decena de poetas: Oquendo de Amat, Alejandro Peralta y Alberto Mostajo; Omar Aramayo, Efraín Miranda y Vladimir Herrera; Alfredo Herrera, Luis Rodríguez…y otros que no consignamos por falta de espacio.
Después del clímax vanguardista (Oquendo, Peralta, etc.), la lírica puneña reflota en los 60 con la célebre Promoción Intelectual Carlos Oquendo de Amat integrada, entre otros, por Omar Aramayo, Percy Zaga, Gloria Mendoza, José Luis Ayala. Luego vendrán los vates de los 80: Alfredo Herrera, Boris Espezúa, Lolo Palza, etc. En los 90 se hablará de una prolífica “generación de fin de siglo”: Simón Rodríguez, Wálter Paz, Gabriel Apaza, Fidel Mendoza, Edwin Ticona, Luis Pacho, Darwin Bedoya, Edy Sayritúpac, Luis Rodríguez, entre otros… ¿Y después de los 90?
Fueron Darwin Bedoya y Luis Pacho los primeros en hablar -o sugerir la idea- de una flamante camada poética distinta a la de ellos. La denominaron “generación del post-2000”. Empero, según Bedoya, estos novísimos estaban en la calle pues sólo habían perpetrado “versos huérfanos de toda arte poética”. Pacho estaba de acuerdo. Para él, la tradición poética puneña había concluido con la generación de fin de siglo; no obstante, de entre los novatos había que rescatar a los menos malos: Velásquez, Talavera, Ticona y Huamán.
La reacción de los aludidos no se hizo esperar. La conclusión de que todos los novísimos son malísimos es apresurada, se alegaba. Hasta se habló de “estos cinco”: Incacutipa, Ligue, Quispe, Huamán y Cruz. Craso error. Al presente, de los “cinco esos”, cuatro por lo menos perdieron la brújula. La desbandada de esta fallida generación poética era fácilmente previsible y sus apologistas no quisimos darnos por enterados.
Pacho y Bedoya estaban en lo cierto. Finalmente el tiempo les dio la razón. Huelga decir que la poesía del post-2000 está a leguas de la poesía de fin de siglo. Ninguno de los otrora novísimos puede parangonarse con los mejores exponentes de los 90. No hay entre aquéllos un Simón Rodríguez, un Darwin Bedoya, un Luis Rodríguez. Las posibilidades de que eso ocurra son cada vez más remotas.
“Generación perdida” denominó recientemente Bedoya a ese puñado de ex jóvenes, nacidos entre fines del 70 e inicios del 80, que hace un lustro o más pugnaban por pegarla de novísimos vates de la lírica altiplánica. Remedos estériles, innovación nula, carencia de nuevos referentes, producción nimia y baladí, etc., etc., son las taras achacables a los integrantes de la primera hornada del post-2000. ¿Qué otra cosa se puede esperar de quienes (ya) no leen poesía, creen que la bohemia lo es todo, garrapatean cuartillas -en el mejor de los casos- una vez al mes, y ni siquiera manejan aceptablemente la gramática? En sus vidas la poesía significó apenas un efímero arrebato post adolescente.
Este balance no es gratuito ni peca de ampuloso. Es tan pobrísimo el papel que hasta el momento jugaron los susodichos -mejor olvidemos sus nombres- que el mote (“generación perdida”) les calza como epitafio a nicho.

* Artículo publicado en el diario Correo (Puno), 11/08/2011.