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| Walter Bedregal, Darwin Bedoya, Luis Pacho, Javier Núñez y Agustín Quispe en Arequipa |
En el 2011, a diferencia del pírrico papel que hicieron nuestras autoridades políticas -en el congreso, la región y los municipios-, a los escritores altiplánicos no les fue tan mal. Hubo, cuándo no, algunos -entre tíos y jovenzuelos- que brillaron no por sus libros, sus lauros o su activismo cultural, sino por su ausencia. Diríamos de éstos que son los dignos émulos del gobierno regional o la bancada puneña, dada su ostensible incapacidad o su productividad nula; sin embargo, en el mundo de las letras el silencio es mil veces preferible a los mamarrachos innombrables que ciertos pillos quieren hacer pasar por “literatura” (el año pasado hubo uno dos -minoría absoluta- que lo intentaron), por lo que muchas veces la improductividad resulta en verdad una bendición.
Los premios: Tres fueron los escritores -relativamente jóvenes- que el pasado año conquistaron para Puno sendos premios nacionales. En el XX Concurso Nacional de Educación Horacio 2011, convocado por la Derrama Magisterial y dirigido a maestros del sector público, el poeta y narrador Darwin Bedoya ocupó el primer lugar en la categoría de Cuento, con su libro “Bosque de luciérnagas”. Por su parte, en el mismo certamen, el poeta Agustín Quispe se hizo del primer puesto en la modalidad de Poesía, con su obra “Herbaje”. Finalmente, el narrador Javier Núñez, con su novela “Vírgenes y herejes”, se impuso en el Premio Nacional de Novela Corta “Ciudad Incontrastable” 2011, organizado por la municipalidad provincial de Huancayo y Bisagra Editores.
Los libros: El 2011 fue, sin duda, el año de la poesía, pues son varios los poemarios de valía que salieron a luz. Uno de ellos es "Gamaliel y el oráculo del agua" (PetroPerú Ediciones, Lima), libro con el que el poeta Boris Espezúa obtuvo, en el 2009, el premio Copé de Oro. No menos importantes son “Estigmas” (Cascahuesos, Arequipa) y “Pájaros al viento” (Qhala, Puno) de Filonilo Catalina y “Espíritu del alba” (Hijos de la lluvia, Juliaca) de Simón Rodríguez. Menos afortunado que los anteriores es “Relámpagos del agua” (Hijos de la lluvia, Juliaca), la opera prima de Víctor Villegas. Por último, hay que mencionar a dos poetas todavía en ciernes -menores de 25 años- que también se atrevieron a publicar sus respectivos libritos: Alexander Hilasaca con “13 lascivas perversiones” (Checca, Puno) y Ronald Chuquija con “Silencios” (Galerías del alma, Puno).
Mención aparte merecen la soberbia antología “Hijos de puta (15 poetas latinoamericanos)” (Hijos de la lluvia, Juliaca) de Darwin Bedoya y la reedición del clásico “5 metros de poemas” (Qhala, Puno) de Carlos Oquendo de Amat, a cargo de José Luis Velásquez.
En narrativa destacan nítidamente, aunque no se difundieron en Puno, el cuentario “Bosque de luciérnagas” (Derrama Magisterial, Lima) de Darwin Bedoya y la novela “Vírgenes y herejes” (Bisagra, Huancayo) de Javier Núñez.
En el campo de los estudios literarios y lingüísticos figuran “Todas las sangres en debate: Científicos sociales versus críticos literarios” (Magreb, Lima) del crítico Dorian Espezúa (obra que tampoco circuló en la región) y “El discurso argumentado. Un enfoque lógico, normativo, dialectico, retórico y comunicativo” (DREP, Puno) del doctor Walter Paz.





